viernes, 15 de abril de 2016

"LOS HIJOS DE ROSAS" SÍNTESIS ARGUMENTAL, CRÍTICAS, COMENTARIOS

“LOS HIJOS DE ROSAS”, de Alejandro Bovino

Dirección: JORGE GRACIOSI

TEATRO DEL PASILLO, COLOMBRES 35, BUENOS AIRES

VIERNES NOVIEMBRE 21 HORAS, 2012


¿Existe alguna institución más inmoral que el 

matrimonio?


 Elenco y técnicos, director, autor

Síntesis argumental:

En 2006 un joven fue asesinado por una patota de tres muchachos correntinos en una playa de Brasil. La causa judicial está absolutamente paralizada, en 2012 aún no hubo siquiera una indagatoria a los tres sospechosos a pesar de los testigos y otras pruebas que los incriminan. 

Rosa, madre del principal sospechado, está ensayando una selección de tragedias griegas bajo el título de “Las madres de Eurípides”, son heroínas del trágico griego, madres que reclaman justicia. 

Paralelamente, el mismo director viene preparando otra obra que se llama “Los hijos de Rosas” acerca de la familia clandestina que formara Juan Manuel de Rosas con su criada Eugenia Castro. 

Una llamada telefónica informa a Rosa que su hijo está detenido acusado del crimen de la playa. Ella y el marido, familias de arraigo en la sociedad correntina, reaccionan buscando desesperadamente defender a su hijo de las acusaciones, pero hay testigos de cargo dentro de sus amistades y otro secreto que se revelará en el momento menos oportuno: un hijo bastardo, como “los hijos de Rosas” cae como un peso en medio de la crisis. 

Cada personaje va revelando sus intereses más íntimos en un juego de mezquindades y ocultamientos. 

El gerente de banco únicamente se desvela por su imagen pública. 

La protagonista, por lo que cree que es su “deber de madre” consiente el ocultamiento.  

La obra es un ensayo de teatro, el centro es el personaje del director que de algún modo representa la única voz que no tiene doble discurso: solamente su obsesión por el arte como purificación de la criatura humana que ve deshacerse ante sus ojos en esta encrucijada desatada por un crimen. 

Los personajes son los que ensayan y están expuestos a sí mismos frente a un público al que interpelan a través del discurso teatral. Con Federico Alí, Vanina Cavallito, Juan Matias Grassi, Mariana Medina, Juan Manuel Romero, Claudia Elena Villa.

Dirección de Jorge Graciosi.

 

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Crítica especializada (fragmentos)

“El espectador percibe, a nuestro parecer, que a este canevá teatral lo hemos confeccionado entre todos, porque en mayor o menor medida la historia nos une con siglos de violencia y actos atroces que nunca, lamentablemente, recibirán por parte de la justicia y de la sociedad su real castigo. Quizá en última instancia, Los hijos de Rosas, es más que un relato que incluye tres micro-historias sin un cierre, es la propuesta de un teatro comprometido con nuestra memoria colectiva e individual que intenta que no se adormezca en “el teatro de la vida”.

Azucena Joffe, (Luna Teatral)

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“La dirección de Jorge Graciosi logra, con categoría, la conjugación de todos los elementos, diagramando además, un excelente uso del espacio, lo que le otorga a la obra un gran dinamismo y un toque único que mantiene al público todo el tiempo atento a todo lo que sucede.
Una ficción que se nutre de la realidad. Donde poco a poco se van diluyendo los límites entre ambas, porque nuestras historias y nuestros sentimientos tal vez ya fueron contadas por el arte y sobreviven en él en cada representación”.
Gustavo Eduardo Rosatto

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“Vanina Cavallito, como Lucía, le pone garra y ternura a ese personaje sensible y, como Manuelita (hija legítima de Rosas), se manifiesta altanera y arrogante, tal niña de la alta sociedad.
Juan Matías Grassi, como Gastón, saca su interior en escena, dándole un carácter emotivo, y. como Adrián (hijo no reconocido de Rosas), se revela ante la injusticia social, con ira incontenida. Yanina y Juan Matías, son dos jóvenes actores en ascenso.
Juan Manuel Romero, interpreta muy bien el rol de Aníbal, un hombre más como tantos, interesados sólo en la apariencia y en lo material.
Rosa, es Claudia Elena Villa (destacada su interpretación), una mujer actual, segura de sí misma, pero a la hora de decidir sobre lo que debe hacer con su progenitor en problemas, duda, se siente acorralada.
Mariana Medina, con un perfecto perfil, es Celeste, una mujer vacía, pero al final, sabia…
Para resaltar es, como utilizan a pleno el espacio teatral, generando un lazo invisible con el público, traspasando esa pared que separa, logrando una totalidad que nos abraza y nos incluye.
Recomendada, porque es una puesta muy desafiante, ya que, hay que estar atentos para captar y no perder detalle.
Muy buena propuesta”.

 

Estela Gómez

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“Actuaciones intensas, guión comprometido, sentidos contradictorios, realidad y ficción. Esos son algunos de los ingredientes que disfrutará quien vaya a ver “Los hijos de Rosas”.

La obra es un drama, pero contiene momentos de humor creativo interpretados sagazmente por los actores. Una historia sin principio ni final, que invita a la reflexión de la mano de personajes elocuentes y definidos.

Del director Jorge Graciosi, con libro de Alejandro Bovino Maciel, y las geniales actuaciones de Claudia Villa, Juan Manuel Romero, Federico Alí, Mariana Medina, Vanina Cavallito y Juan Matías Grassi”.

 

Desirée Galizia, (Comunicación Posmoderna)

 

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“En ‘Los hijos de Rosas’, el autor vuelve a jugar con las líneas del pasado y el presente, aportando un texto que se remite a hechos reales refuncionalizados en virtud de su propuesta estética. Una vez  más la violencia se hace presente y desarticula cualquier construcción positiva. La común unidad se enhebra en la reunión de los cuerpos, en el intercambio fructífero del uno con el otro complementario. Un trueque que no puede concebirse a distancia, o escapando al compromiso presencial”.

 

Carlos Fos, AINCRIT, Asociación Argentina de Investigación y Crítica Teatral.

 

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FICHA TÉCNICA:

 

Mauricio:                  Federico Alí

Lucía/Manuelita:   Vanina Cavallito

Gastón/Adrián:       Juan Matías Grassi

Aníbal:                      Juan Manuel Romero

Rosa/Hécuba:          Claudia Elena Villa

Celeste:                     Mariana Medina

 

Diseño sonoro:        Malena Graciosi

Diseño luces:                       Lautaro

Operación técnica:  Oscar Canterucci

Asesoría vestuario:            Miguel Pencieri

Diseño Gráfico:       Anahí Afriol

Producción Ejecutiva:       Pilar Ortiz

Asistencia dirección:          Belén Muñoz

DIRECCIÓN:                        JORGE GRACIOSI

 

 

"LOS HIJOS DE ROSAS" (CRÍTICA)



"Los Hijos de Rosas”



“Un hombre que no ha pasado a través del infierno de sus pasiones, no las ha superado nunca”.

              Carl Gustav Jung



“Los Hijos de Rosas” y la contemporaneidad.
El pasado y el presente, se unen a través del teatro, para mostrarnos como la historia es cíclica y, como nosotros repetimos errores inconcientemente o no, a veces mirando sólo para el lado que nos conviene.

Según dice el autor de ésta obra, Alejandro Bovino Maciel, médico psiquiatra, “… el teatro puede ayudarnos a todos a pensar en la relación que tenemos como sociedad con las leyes”, pudiéndosele agregar “…y con la vida”, quedando expuesto en escena todo éste pensamiento, ya que, su argumento nace a partir de una desgracia ocurrida en la provincia de Corrientes y que todavía está impune. Por eso, hay muchos interrogantes pendientes  y muchos debates por llevar a cabo.

Estamos en el día de hoy, en un ensayo teatral de una tragedia griega, en donde el director Mauricio (Federico Alí), pretende que sus actores (Lucía, Gastón, Rosa y Celeste) se compenetren con las escenas que les toca con total vehemencia, como si verdaderamente estuvieran pasando por ese problema. Gracias, a las cualidades actorales de Federico Alí (sobresaliente actuación), se ve que, Mauricio, es un apasionado del arte, convencido de que es lo único transparente y creíble por éstos días.

La historia principal, es la de una pareja (Rosa y Aníbal), cuyo hijo es el supuesto culpable del suceso desgraciado, y cuyas desavenencias culminan con la revelación de una tercera en discordia (Celeste), la cual tiene otro descendiente con Aníbal, pero él, de éste segundo, es un padre ausente…, no se hizo cargo de ese niño, al igual que el hijo no reconocido de Rosas

 ¿Coincidencias?… ¿Casualidades?... ¿Causalidades?...

Así, realizando un paralelismo entre lo que pasó y lo que pasa, va transcurriendo el texto, yendo y viniendo, entrelazando conceptos y sentimientos, realizando un arduo camino hacia el entendimiento, pero saliendo airosos, por el trabajo de los actores y de su eximio director, Jorge Graciosi, una eminencia en lo suyo.

Yanina Cavallito, como Lucía, le pone garra y ternura a ese personaje sensible y, como Manuelita (hija legítima de Rosas), se manifiesta altanera y arrogante, tal niña de la alta sociedad.
Juan Matías Grassi, como Gastón, saca su interior en escena, dándole un carácter emotivo, y. como Adrián (hijo no reconocido de Rosas), se revela ante la injusticia social, con ira incontenida. Yanina y Juan Matías, son dos jóvenes actores en ascenso.
Juan Manuel Romero, interpreta muy bien el rol de Aníbal, un hombre más como tantos, interesados sólo en la apariencia y en lo material.
Rosa, es Claudia Elena Villa (destacada su interpretación), una mujer actual, segura de sí misma, pero a la hora de decidir sobre lo que debe hacer con su progenitor en problemas, duda, se siente acorralada.
Mariana Medina, con un perfecto perfil, es Celeste, una mujer vacía, pero al final, sabia…
Para resaltar es, como utilizan a pleno el espacio teatral, generando un lazo invisible con el público, traspasando esa pared que separa, logrando una totalidad que nos abraza y nos incluye.

Recomendada, porque es una puesta muy desafiante, ya que, hay que estar atentos para captar y no perder detalle.
Muy buena propuesta.

                                    Estela Gómez
                                                                        




FICHA TÉCNICA 
Mauricio: Federico Alí
Lucía / Manuelita: Vanina Cavallito
Gastón / Adrián: Juan Matías Grassi
Aníbal: Juan Manuel Romero
Rosa: Claudia Elena Villa
Celeste: Mariana Medina
Diseño sonoro: Malena Graciosi
Realización: Malena Graciosi y Alex López
Diseño de luces: Lautaro
Operador de luces: Oscar Canterucci
Asesoría de vestuario: Miguel Pencieri
Prensa: Alicia Accinelli
Diseño gráfico: Anahí Afriol
Fotografía: Pascual Glauser
Producción ejecutiva: Pilar Ortiz
Asistencia de dirección: Belén Muñoz
Dirección: Jorge Graciosi

TEATRO DEL PASILLO - COLOMBRES 35 - 4981.5167
Funciones: viernes 21hs.
Localidades: $ 50.- estudiantes y jubilados $ 35.-



JUAN MANUEL ROMERO Y MATÍAS GRASSI EN "LA VIDA IMPERFECTA DE 2001"

"LA VIDA IMPERFECTA DE 2001" FOTOS DE CLAUDIA VILLA, FEDERICO ALÍ, JUAN MANUEL ROMERO

"LA VIDA IMPERFECTA DEL DOCTOR IBÁÑEZ" * * (ARGENTINA DEL CORRALITO) * *

PROGRAMA DE "LA VIDA IMPERFECTA"

LA VIDA IMPERFECTA DE 2001 / VANINA CAVALLITO Y JUAN MATÍAS GRASSI


miércoles, 13 de abril de 2016

TRAILER * DE * LA * OBRA * "LA VIDA IMPERFECTA"


LA VIDA IMPERFECTA 2001 (FOTOS DEL AFICHE)

LA VIDA IMPERFECTA 2001 (AFICHE)

LA VIDA IMPERFECTA DEL 2001 * (SUCEDIÓ EN ARGENTINA) *





LA VIDA IMPERFECTA






LUGAR: CASA DE LA FAMILIA IBAÑEZ EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES
TIEMPO: Noviembre del 2001





         PERSONAJES


  1. 1.     El doctor Horacio Ibañez, economista
  2. 2.     Juliana Ginés, esposa
  3. 3.     Verónica, hija
  4. 4.     Facundo, hijo
  5. 5.     Juan Pablo, compañero de estudios de Verónica
  6. 6.     Lía, compañera de estudios



 ESCENA 1




 Horacio:       (Entrando de traje y corbata, y carpetas, marca paso firme, no cede un instante la atención porque se mueve constantemente, no es un hombre estático, es un hombre decidido a controlar todo que está atrapado en sus dominios como un animal enjaulado, habla imperativamente)

Horacio:        ¡Otra vez con lo mismo, Facundo! También, a mí se me ocurre dejar la empresa en tus manos, ¿no ves que cualquiera te maneja?

Facundo:       ¿Me podés escuchar?

Horacio:        ¿Querés que pierda la tarde escuchando tus quejas y excusas? Pero dejáte de joder, che. ¿Sabés qué? Esas bolas (hace amago de tocarlo, lo dice como en broma pero sabiendo que su efecto es sarcástico) debí habérselas puesto a tu hermana que tiene agallas para imponerse a esos burros del sindicato.

Facundo:       Papá, (lo dice muy calmo, en contraste con el nerviosismo de Horacio) ni siquiera me escuchás.

Horacio:        Ya estuve ahí; cuando vos venís, yo  fui y vine tres veces. Es cuestión de velocidad.

Facundo:       ¿Para qué me delegaste poder si no confiás en mí?

Horacio:        Les delegué la empresa porque no podía seguir en mi cargo del ministerio y atendiendo mis negocios particulares, ¿no sabés que son incompatibles? Me rompí el alma formándome en el exterior en políticas económicas; esa empresa la puede manejar cualquiera, yo tengo ese otro desafío...

Facundo:       ¿No es mejor cuidar lo tuyo?

Horacio:        ¿Y qué, no pueden manejar una empresa cualquiera? ¿Son de madera ustedes?
Facundo:       ¿Cualquiera? ¿Una empresa que se está cayendo a pedazos? ¿Que tiene las cuentas en rojo? Nos pasaste casi un cadáver, papá. Un cadáver con sindicalistas…

Horacio:        ¿Ves? La desesperación no es buena consejera. (Trata de conciliar) Claro que confío en vos, pero hay que darte una patada en el culo para que reacciones. Estás en la jungla, entre lobos ahora, no en el jardín de infantes.

(Entra Verónica, trae libros y carpetas en las manos, viste como una ejecutiva, con trajecito sastre, cabellos recogidos, tacos y detalles delicados de exquisitez, pisa firme, se mueve con precisión, habla poniendo énfasis en las palabras más hirientes; es una dama que actúa entre hombres, muchos de ellos camioneros)

Verónica:      ¡Salud! Tenemos reunión familiar... ¿o es de negocios?

Horacio:        Hablaba con tu hermano de mi posición en el ministerio.

Verónica:      Mi hermano (Irónica, mordaz) debería saber primero qué posición ocupa él.

Facundo:       ¿Vos también?

Verónica:      ¿Sabés el lío que tuve con los delegados por tus 'negociaciones'?

Horacio:        ¿Qué pasa? Terminaba de decirle que son tipos jodidos, doble cara, triple moral, cero escrúpulos.

Verónica:      (A Facundo mirándolo fijamente) ¿Vos les prometiste  suspender los despidos por ahora? (Siempre enérgica)

Facundo:       ¿Tenés alguna otra idea brillante para frenar el paro que amenazan hacer?
Verónica:      Suspender a los delegados del sindicato.

Facundo:       ¡Es ilegal!

Verónica:      Dále con tu obsesión con la ley, qué, ¿sos abogado ahora?

Horacio:        No, Verónica, ahí Facundo está en lo cierto. Se arma la podrida. Lo mejor es no confrontar con los delegados.

Verónica:      Me importan un rábano los delegados, después de todo son una parva de analfabetos, pero me paran un día la empresa y esto se va al carajo: subo y le rompo la cara a patadas a Cristaldo.

Facundo:       Por eso estoy negociando, para evitar la guerra.

Verónica:      ¿Vieron las cifras de hoy? (Saca un papel) Me lo dio el contador. Estamos ahí en el borde, casi a punto de irnos a la mierda.

Horacio:        La quiebra financiera...

Verónica:      ¿Y vos, papá, qué me decís? Nos pasaste este quilombo…

Horacio:        La empresa es de la familia, ustedes también tienen que sostenerla así como yo la mantuve a flote desde que murió mi padre sin pedir nada a nadie.

Facundo:       Papá, nos dedicamos a esto día y noche.

Horacio:        Ya sé, tal vez me cuesta ver que yo también soy el problema
Verónica:      Vos, no: tu cargo en el ministerio. Nadie confía en una empresa constructora que está ligada al gobierno.

Facundo:       Ni tu gobierno confía. ¿Qué pasó con esos contratos del Ministerio de Obras Públicas que no nos iban a adjudicar?

Horacio:        Otra empresa ganó la licitación

Verónica:      ¿Licitación? Esos simulacros... ¿eso es licitación para vos?

Horacio:        Bueno, mi cargo no tiene nada que ver con obras públicas.

Facundo:       ¿Cuánto pedían?

Horacio:        ¿De qué me hablás?

Facundo:       De coima, la “comisión” para darnos las obras…

Horacio:        No es eso, nuestra empresa descuidó los seguros de trabajo

Verónica:      Facundo, eso estaba  a tu cargo, ¿qué hiciste? (Furiosa)

Horacio:        ¡Paren, carajo! ¿Quién puede contratar esos seguros millonarios? Imposible para nosotros.

Verónica:      O sea, seguiremos perdiendo obras, ¿nos dedicaremos a reparar veredas?

Facundo:       Hay varias ofertas de obras, pero nadie quiere trabajar con una empresa del secretario de planificación económica. Desconfían.

Verónica:      Tendrías que renunciar de una vez, papá

Horacio:        No puedo

Verónica:      ¿Por qué?

Horacio:        Hay una auditoría en mi oficina, renunciar ahora sería mala señal, sería como echar sospechas sobre el trabajo de mi equipo. Hay que esperar que terminen y entreguen los resultados…

Verónica:      ¿Y vos creés que...?

Horacio:        Yo no creo nada, siempre trabajamos con transparencia, no hay quién me señale un delito, pero debo esperar. No queda otra.




ESCENA 2

Juliana:        No me vuelvas con ese tema, por favor, Facundo.

Facundo:      Sé que no te gusta, pero necesito decirte que…

Juliana:        (Lo corta) ¡Pero no me gusta! ¿No te parece que esas cortinas quedarían mejor con unas borlas doradas? Me encanta el dorado, le da jerarquía a cualquier rincón.

Facundo:      No sé (absorto) hacé lo que quieras.

Juliana:        La armonía. Simple, pero complejo.

Facundo:      (Que está pensando en otra cosa) ¿Qué decías?

Juliana:        Cada cosa en su sitio exacto. Sin más pero tampoco sin menos.

Facundo:      ¿Cómo?

Juliana:        La armonía, es decir la belleza.

Facundo:     Mamá, te estaba comentando algo grave, no me salgas con pelotudeces... (Muy tenso, como si algo grave lo afectara)

Juliana:       Que tu padre es jugador ya sabía, que estamos endeudados, ya sabíamos, ¿qué novedad creés que me trajiste?

Facundo:      Estamos al borde de la quiebra.

Juliana:       Iremos a la quiebra, ¿y qué más da? (hojea una revista de decoración) Seguimos en el mismo rumbo.

Facundo:      ¿Me hablás en serio?

Juliana:        Hijo, tranquilizáte. La vida de tu padre es una montaña rusa, hoy está arriba, allá en la cima, mañana abajo, allá en el pozo. Siempre se repone, estos vaivenes pasan

Facundo:      Es distinto esto

Juliana:        ¿En qué? Papá tiene fortaleza…

Facundo:      ¿No te importa papá?

Juliana:        Sí, la que no le importa a papá soy yo. (Como si el tema la peturbara) Mañana viene el arquitecto a traer el presupuesto para la pileta. Papá quedará encantado. Tiene lumbres en las esquinas, una línea de luces de color malva. Me encanta.

Facundo:      Mamá, no te entiendo... estamos casi hundidos

Juliana:        Yo tampoco te entiendo muchas cosas y sin embargo... (Sigue con la revista)

Facundo:      Papá está muy angustiado

Juliana:        Ya se le pasará, una noche de casino y se le van todos los males. Hice poner grandes jarrones de terracota india a la entrada del patio. ¿Qué flores  te parece que irían  bien en esos búcaros?

Facundo:      No sé, poné lo que quieras.

Juliana:        ¡Hortensias...! Me encantan las hortensias de color celeste.

Facundo:      (Abstraído) ¿Qué decís?

Juliana:        Un arreglo de hortensias y bambúes... quedará maravilloso, ya vas a ver. Tendremos el mejor patio con la mejor pileta de todo el vecindario. Vi en el Facebook la foto del jardín de Estela. Mal gusto por donde se mire... (Va y se sirve un vaso de whisky)

Facundo:      Si hubiera un modo de...

Juliana:        (Sigue con el tema de Estela) Allá piedras, acá deks en tono algarrobo, más allá puso césped sintético, cisnes de plástico, enanos de jardín. Un horror de kitsh. No entrarías. Vos con tu delicadeza, (Ríe forzadamente) te morirías en la puerta.

Facundo:      Mamá, no te entiendo.

Juliana:        Yo tampoco entiendo a un hijo que se encierra con el 'dilecto' amigo a dormir una siesta pero no digo nada, ¡shhhh! (Hace señas con el índice como diciendo “silencio”) esas cosas, mejor no ventilar (Lo dice casi susurrando).

Facundo:      ¿Estás diciendo que entre Joaquín y yo?

Juliana:        No digo nada, ssshhh. Mamá está calladita. ¿Te hace feliz?

Facundo:      ¿Qué cosa? ¿De qué me hablás?

Juliana:        Ahora el que no quiere hablar sos vos. (Se sirve más wisky) ¿Si Joaquín te hace feliz?

Facundo:      Es una confusión. No tengo nada con Joaquín, somos amigos.

Juliana:        Amigos que duermen juntos... y desnudos… (Lo dice suavemente para evitar confrontar)  Los vi sin querer la otra noche, cuando bajé a tomar algo.

Facundo:      Yo, es decir, Joaquín... (Reacciona) ¿qué tiene que ver todo esto con la situación familiar? Papá nos transfirió la empresa pero nadie confía en el gobierno…

Juliana:         ¿Y cómo ganó las elecciones entonces?

Facundo:       Una cosa es el país y otra, las empresas.

Juliana:        Ah, no sé hijo, yo no me meto en política, no quiero ensuciarme las manos, prefiero trabajar en el jardín con la greda y el barro, que ensucian menos.

Facundo:      Genial, si todos pensásemos como vos...

Juliana:        La política es una mugre (Nerviosamente se sirve otro poco)

Facundo:      Perfecto, entrá y limpiála entonces (Acremente)

Juliana:        Límpienla ustedes, que ya están adentro (Furiosa ya)

Facundo:      Mirá mamá, nunca creí que debería explicarte algo muy simple. ¿Creés que es fácil hacer gobierno? ¿Creés que todas son glorias y aplausos? Es muy cómodo sentarse en el sofá y decir “yo no tengo nada que ver” lavándose las manos. Es cobarde esa actitud.

Juliana:        Puedo ser cobarde, pero no les molesto. Déjenme vivir la belleza de la vida manteniéndome lejos de sus porquerías, (Acremente)  bastante tengo con tener que soportar comentarios en voz baja en el club.

Facundo:      Está bien. Perdón por querer compartir mis preocupaciones con mi madre.

Juliana:        No quiero saber de problemas.

Facundo:      ¡Qué poco te intereso, mamá!

Juliana:        (Se le acerca) Yo no espero nada de la familia, te puedo jurar que di lo mejor de mí a vos y a tu hermana, ¿es poco? No tengo más. Hace tiempo me acostumbré a no esperar nada.

Facundo:      Yo intento acercarme pero…

Juliana:        (Lo aparta) De nadie. No espero nada de nadie.

Facundo:      Te interesa más la casa…

Juliana:        La casa es un pretexto bonito para seguir viviendo este juego, costará algunos pesos pero si no los gasto yo en este espacio que compartimos todos, papá los liquida en el casino (Vuelve a servirse la bebida)

Facundo:      Estoy agobiado con deudas, despidos, solamente me rodea gente desesperada.

Juliana:        Ya te dije: papá y sus negocios son una montaña rusa, paciencia chiquitín. Con paciencia se llega a la vida perfecta.


ESCENA  3



Verónica:      (Gritando hacia el fondo) Ah, si viene Lía me avisan, por favor.

Lía:                 No hace falta... ya estoy aquí (Llegando por platea, Lía viste muy elegante, viene con cartera, sombrero y detalles de buen vestir, no de vestir formal como Verónica sino de vestir sabiendo que la elegancia es una insignia para determinar el status de la gente. Lía lo hace con  unción, eso se deja ver en la forma escrupulosa en la que cuida el pliegue de la falda cuando se sienta, las mangas en su sitio, se pasa las manos por el escote varias veces y no esquiva los espejos para retocarse cada tanto, habla con un tono redondo, como si quisiera decir suavemente pero con claridad cada palabra)

Verónica:      Creí que no llegaba. Estoy a mil.

Lía:                 Estamos iguales, querida. El tránsito está infernal.

Verónica:      Leí un poco sobre lo que tenemos que exponer, ¿trajiste el power point?

Lía:                 Sí, lo tengo en la netbook

Verónica:      Era relacionar las medidas del gobierno de Rivadavia con las políticas liberales de los '90

Lía:                 Sí, bastante claro el tema. Un salto de 1820 a 1993

Verónica:      ¿Le dijiste a Juan Pablo que nos diera una mano?

Lía:                 Sí, está viniendo, me envió un mensaje hace un rato

Verónica:      La verdad, con todo el trabajo que tengo, exponer para esa convención me da por el orto.

Lía:                 Ay, amor, es un momento solamente y una gran ayuda para nuestra fundación…

Verónica:      Me pone tarada esto de hablar en público, siempre me altera...

Lía:                 Primero que yo estoy ahí para desarrollar con vos, segundo, con el power eso es una pavada, (Minimizando todo) es leer y rellenar conceptos nada más.

Verónica:      Igual, me pongo nerviosa, como si todos estuvieran esperando que diga alguna estupidez para reírse de mí. No sé, tengo esa sensación.

Lía:                 Bah, cosas de tu cabeza... no tiene nada que ver.

Verónica:      Prendé el power (Acá vendrá un efecto con las luces, un fuerte haz desde platea como si se estuviese proyectando realmente un power point recortando un rectángulo contra la figura de Verónica que repasará mirando con dificultad) Gobierno de Bernardino Rivadavia, 1820-1821, ¿un año solo?

Lía:                 Sí, a mí también me parecía que fue más largo...

Verónica:      Ley de Enfiteusis... eso era el arrendamiento para explotación de terrenos  públicos, ¿no es así?

Lía:                 Exacto... las tierras sin cultivo no le servían a nadie, con la explotación ganadera o plantaciones, ganaba el Estado y el arrendatario después de 10 años tenía derecho a quedarse con las parcelas.

Verónica:      Fundó la Universidad de Buenos Aires.

Lía:                 ¡Esos eran liberales! (Festeja) Comparando, en los '90 la quisieron cerrar.

Verónica:      Creación de la Bolsa de Comercio

Lía:                 Bueno, en realidad fue el Banco de Descuentos que facilitaba un capital inicial para desarrollar empresas.

Verónica:      Ley de sufragio universal (Siempre tratando de leer porque la luz la ciega, hace viseras con las manos continuamente).

Lía:                 Todo hombre de 20 años en adelante en el País tenía derecho automático a votar en elecciones libres para designar autoridades.

Verónica:      ¿Y cómo vinculamos esto con la democracia de los '90? El voto seguía siendo universal y secreto.

Lía:                 Sí, pero con un aparato mediático que en 1820 no existía ni en la imaginación. Solamente pensemos en el cambio que significa la TV para la propaganda política.

Verónica:      El que se asocia con los medios, usa de ese aparato feroz que decide por todos.

Lía:                 Aplasta cualquier intención. La mayoría virtual, y se fue al carajo la libertad de decidir…

(Entra Juan Pablo, muy bien vestido pero sin saco, con camisa fina, gemelos, corbata con broche, se muestra como un animal que ha llegado a su coto de caza y nada teme)

Juan Pablo:  ¡No se van a tirar contra las corporaciones en esa intervención que tienen, eh!

Verónica:      Hola, ¿cómo estás compadre para afilar el tema Rivadavia?

Lía:                 Buenas tardes, amor

Juan Pablo:  Mejor pasen por alto esto del sufragio universal, (Un poco cínico) a nadie le importa en el fondo...

Verónica:      Ahora viene el empréstito de la Baring Brothers, ahí la pifió, empezó la cadena de las deudas eternas...

Juan Pablo:  ¿Así vas a presentar? ¿Vos sabés lo que van a decir de la brillante empresaria que piensa como una obrera del sindicato de amas de casa? (La luz del power los encandila, lo que hace que esta observación resulte doblemente molesta)

Lía:                 Digamos que se contrajo esa deuda de...

Verónica:      Un millón de libras esterlinas, ¡un vagón de guita!

Juan Pablo:  ¿Con qué desarrollás un país que viene de una guerra desastrosa con Brasil? ¿Con buenas intenciones? ¿Con bendiciones?

Verónica:      ¡Pero estás hipotecando el futuro!, puso como garantía bienes, tierras y rentas del Estado de Buenos Aires...

Lía:                 Digamos que depositó como prendas los valores nominales

Verónica:      No entiendo...

Lía:                 Dios también nos da la vida, que es un valor nominal, la vida no se ve, (Hace señas como tomando una burbuja de aire y la aplasta) pero es lo que nos da para administrarla en esta Tierra...

Verónica:      Esto es otra cosa, era liquidar todos los bienes a un banco extranjero.

Juan Pablo:  ¿Y ustedes, para evitar la quiebra de su empresa, acaso no necesitan endeudarse?

Verónica:      ¡No estoy vendiendo mi futuro!

Juan Pablo:  ¿Estás segura? Todos nos vendemos un poco día a día. No hay otro modo de sobrevivir. Las deudas son necesarias para crecer.

Lía:                 Podrías ser más discreto, amor. Esas formas brutales...  (Explicándoselo a Verónica) Endeudarse es poner un poco de uno en el futuro. Los bancos no prestan dinero, venden tiempo y la garantía somos nosotros en ese futuro que nos alquilan.

Juan Pablo:  Las deudas se llaman deudas, los créditos son adelantos que te hace la banca para permitir que te recuperes de un traspié. Pero siempre pide algo a cambio.

Verónica:      Y lo que pide a cambio es lo más valioso de cada cual (Todo debe ser en tono de discusión enérgica)

Juan Pablo: Justamente eso es una prenda: algo que necesitamos recuperar con desesperación. ¿O creés que te aceptarán tus mascotas como empeño? No, si pueden exigirte a vos misma. Son las leyes del capital. Las tomas o las dejas.


ESCENA 4



Juliana:         Lía sí que es una mujer espléndida, siempre elegante y con esos modales de una dama de verdad. Hacen una buena pareja con Juan Pablo, él es tan decidido, tan enérgico. Si tuvieras que ser como alguien, me gustaría que fueses como Juan Pablo

Facundo:       Yo no, gracias, prefiero ser yo.

Juliana:         Ese empuje, no se detiene ante nada, atropella cualquier obstáculo y siempre está sonriendo... me gustaría verte así

Facundo:       Olvidáte, mamá. Yo no soy perfecto. Estoy lejos de eso...

Juliana:        ¿Por qué? Uno está donde se propone.

Facundo:     Una está donde la dejaron la última vez.

Juliana:        ¡Te falta confianza en vos mismo! ¿Quién te ordenó quedarte donde te dejaron? Deberías…

Facundo:      …Ojalá todo fuese cuestión de confianza.

Juliana:         ¿Hay otra cosa más que la fe en uno mismo?

Facundo:     Parecés un manual de auto ayuda mamá.

Juliana:        La voluntad mueve el mundo, así lo hizo Dios.

Facundo:      ¿Qué hizo ese Señor?

Juliana:        Hizo que todo girara alrededor de la voluntad humana

Facundo:      ¡Con razón quedó todo estropeado!

Verónica:      (Llegando) personas estropeadas, ¿no, Facundo?

Juliana:        (Se escuchan ruidos de latas) Uy, casi olvidé que vienen los pintores, me voy, si una no está vigilando son capaces de dejar un desastre.

Facundo:      (Cuando quedan solos) ¿Conseguiste ese dinero que te pedí, para esos gastos míos, personales?

Verónica:     No. Hoy le voy a pedir a Lía que me lo preste.

Facundo:      Por favor no te olvides, te voy a agradecer mucho… (Verónica le tapa la boca suavemente)

Verónica:     No, no hace falta, ya sé que tus cuentas están en rojo.

Facundo:      Rojo vivo.

(Suena el celular de Facundo, éste atiende y responde visiblemente molesto tratando de ocultar a su hermana el mensaje)

Facundo:       Hable. Bueno, yo... ya avisé... voy a pagar cuanto antes… No, no estoy ganando tiempo, ya me dijeron eso, no hace falta estar amenazando, siempre les pagué... ¡Tuve un contratiempo! Hay... hay gente que me debe el doble... ¡Voy a pagar cuanto antes! Dígale a Maidana que ya sé las consecuencias.

Verónica:      Rojo vivo...

Facundo:       Sí, es decir, no, es...porque...

Verónica:      Te están apretando con el pago de  drogas, ¿verdad?

Facundo:       No. Quiero decir, en parte (Muy molesto)

Verónica:      No te hagas el misterioso conmigo, che.

Facundo:      Es mucho dinero. Papá está…estamos cubiertos de deudas. Hice todo lo posible, sabés que hace meses casi ni aparezco por la casa, estuve trabajando en forma desesperada para pagar todo pero no hay caso.

Verónica:      ¿Tánto debés? Pero, ¿qué hacés? ¿Te enmercás todo el día, loco?

Facundo:       Mucha presión con todo esto de la empresa...

Verónica:      (Imitándolo) “mucha presión”... ¿ves que papá tiene razón? Sos un marica que no tiene el menor temple. ¿No te da asco?

Facundo:       Yo no me meto con tus amoríos baratos

Verónica:      No me importa tu puterío, por mí podés vivir en un sauna, lo que te estoy diciendo es que te faltan agallas, por cualquier cosa te tirás a la lona a llorar y drogarte como un boludo.

Facundo:       ¿Por qué me humillan?

Verónica:      Vos te humillás, miráte al espejo, ¿qué sos? Un infeliz que corre a los brazos de mamá al menor rasguño… ¡No podés ser tan pelotudo, Facundo!

Facundo:       ¿Qué más te falta decirme? ¿Eh?

Verónica:      Que no servís ni para vos mismo...

Facundo:       ¿Y vos, por qué no te fijás a quién tenés a tu lado?

Verónica:      Yo sé con quién me arreglo y eso no te importa.

Facundo:       Creés que con ese amante vas a llegar lejos

Verónica:      Llego donde llego

Facundo:       Con el novio de tu amiga...

Verónica:      Es todo una pantalla, Juan Pablo me quiere a mí.

Facundo:       (Se ríe) Te estás engañando, hermanita.

Verónica:      ¿Lía?, es una muñeca frígida, él goza de verdad conmigo…

Facundo:       Vos sos la verdadera pantalla

Verónica:      ¿Pantalla de qué?

Facundo:       Del interés de tu príncipe

Verónica:      Juan Pablo me hace sentir mujer, no es mi gran amor, ¿por qué debería sospechar?

Facundo:       Porque te miente (Verónica le da una cachetada)

Verónica:      La envidia, te muerde la envidia…

Facundo:       Investigá, abrí los ojos, y vas a ver qué es lo que busca tu galán...

Verónica:      Me querés envenenar la vida: típico de maricas, lo que no pueden tener, lo destruyen.

Facundo:       Cuando tu egoísmo deje de cegarte vas a ver bien claro

Verónica:      Andá al carajo, puto de mierda.




ESCENA 5




(Entra Horacio Ibañez, de traje y corbata, los que se va sacando lentamente mientras conversa con Juan Pablo y van preparando una mesa para jugar pocker, casi maquinalmente como si lo hicieran a diario. Horacio es uno de esos hombres de apariencia muy formal, que tiene un tic: continuamente estira el cuello y la mandíbula cuando dice cosas importantes como si le molestara una ropa invisible. Queda en camisa, como Juan Pablo, ambos se sientan, y se calzan esas viseras que usan los jugadores para evitar que la luz cenital -que será muy brillante- los enceguezca)

Juan Pablo:  ¿Cómo estás, viejo? ¿Qué se cuenta por ahí? (Baraja el mazo)

Horacio:        Mucho quilombo por todos lados, la oficina es un revuelo.

(Al entrar Horacio, con él entran las  tres mujeres con máscaras blancas. Cuando los hombres se sientan para la partida de pocker, ellas se sientan de cuclillas u otra forma a los pies de Horacio y Juan Pablo jugando con un huso (invisible) al que devanan hebras (invisible) que sacan de un vellón mientras la tercera juega con una tijera (invisible)  recortando el aire de cuando en cuando. Las acotaciones de las damas deben ser rápidas, dichas como si estuviesen corriendo de algo o alguien para oponer a la conversación en ritmo normal de ambos amigos)

Juan Pablo:  ¿Por qué tanto alboroto, che?

Horacio:        ¡Esa auditoría de mierda que no termina de una vez!

Juan Pablo:  ¿Sabés quién está asustado? (Se ríe) ¿Cortás vos el mazo?

Horacio:        No, ¿quién está asustado? (repartiendo las barajas)

Juan Pablo:  García Méndez, ¿te acordás? El que se fue comisionado.

VERÓNICA: García, el que fue comisionado...

Horacio:        (Como distraído) ¿Ah, sí? ¿Y por qué el susto?

Juan Pablo:  No quiere quedar pegado y dice que la cosa está fulera

Horacio:        Escalera de color, je je. Todo está como embarrado, no se puede tirar para adelante

JULIANA:     Embarrado, no se puede tirar para avanzar...

Juan Pablo:  Ni recular. Dáme otra. ¿Y vos, che, con tu secretaría?

LÍA:                Ni recular, ni detenerse....

Horacio:        La oficina parece tranquila, pero esa comisión que mandaron no deja de revolver papeles. Ayer estuvieron poniendo lupa en el balance del año pasado.

Juan Pablo:  Full de nuevo (Extiende las cartas) Cuando revisan, te sacan las cuentas desde el día en que naciste.

Horacio:        Estoy abrumado, realmente.

VERÓNICA:  Está angustiado

Juan Pablo:  ¿Qué, tenés alguna cuenta turbia?

JULIANA:     ¿Deudas, mi amigo, deudas?

Horacio:        Estoy endeudado hasta la manija por ser correcto, ¿y me preguntás si anduve haciendo arreglos por izquierda?

Juan Pablo:  A veces pienso que no abriste los ojos. Caminás como ciego en un mundo turbio, el ministerio no es una abadía de monjitas, che.

LÍA:                No es la abadía de monjitas...

Horacio:        Qué vas a hacer, viejo… uno empezó esa carrera en la administración y sin darse cuenta cada vez está más y más metido en la zanja.

Juan Pablo:  Hay formas de ganar lo que necesitás para salvar tu empresa

VERÓNICA:  Hay que ganar para salvarse

Horacio:        ¿Hablaste con Verónica? Esa chica es de hierro...

Juan Pablo:  Algo de eso... la piba da manotazos pero no puede.

JULIANA:     No puede, intenta pero no puede…

Horacio:        Y yo no... no sé cómo ayudar. Escalera real.

LÍA:                No sabe ayudar, no sabe ayudarse.

Juan Pablo:  Simple: ganar de un golpe todo lo que debés...

Horacio:        Se dice fácil...

VERÓNICA:  Ganar... Escalera real...

Juan Pablo:  …Sin ensuciarte las manos, ya ves, con la auditoría revisan hasta las servilletas que usaste.

JULIANA:     ...de un golpe...Escalera real

Horacio:        Sí, es la inquisición.

LÍA:                ...todo lo que se perdió.

Juan Pablo:  No hay necesidad de meter la mano en la lata

Horacio:        Y, no. Yo estoy limpio, jamás robé nada

VERÓNICA:  ¿Estás seguro?

Juan Pablo:  Pero te controlan, te mandan un batallón de abogados y contadores, ¿sabés por qué?

JULIANA:     Nadie está limpio

Horacio:        ¡Será la rutina!

Juan Pablo:  Te ven débil. Saben que estás hundiéndote y te quieren dar el golpe de gracia.
LÍA:                El golpe final...

Horacio:        ¡Pero no puede ser! El ministro es mi amigo.

VERÓNICA:  El golpe de gracia

Juan Pablo:  ¿Ah, sí? ¿Y quién firmó la comisión de esa auditoría?

Horacio:        ¿Fué Bernal?

JULIANA:     Nadie está limpio

Juan Pablo:  ¿Quién otro? Cambiá de juego, viejo. Sé que te gusta verte como un tipo correcto, derecho, simpático y que quiere a todo el mundo, pero parece que no todo el mundo te quiere.

LÍA:                No te quieren. No te quieren.

Horacio:        Tengo principios

Juan Pablo:  Vos manejás datos vitales: estás al tanto de la cantidad de emisión, conocés el movimiento de las reservas del Central, chistás un dedo y te traen las variaciones de las tasas de interés y las proyecciones para el trimestre.

Horacio:        Es mi trabajo. Normal.

VERÓNICA:  Una cosa es el trabajo

Juan Pablo:  Es información. Valiosa para mucha gente.

JULIANA:     Otra cosa es la conciencia

Horacio:        ¿Me estás instigando a pasar datos  a los especuladores?

Juan Pablo:  Especuladores, ladrones, ya vamos poniéndole nombres policiales.

LÍA:                Otra cosa es el deseo

Horacio:        ¿Y cómo querés que los llame?

VERÓNICA:  ¿Cómo se los puede llamar?

Juan Pablo:  ¿No pensaste que esas grandes empresas necesitan sacar activos afuera para los tiempos de vacas flacas? ¿De dónde creés que viene de nuevo la guita cuando acá estamos ahorcados? ¡De afuera, de los que ahorraron afuera para que no los confisquen adentro!

JULIANA:     ¿Acomodarse a la realidad?

Horacio:        No me vendo al mejor postor.

LÍA:                No se vende, no se vende

Juan Pablo:  Principista, parecés un quáquero, che. Solamente se trata de advertir
Horacio:        Hay un solo modo de ser honesto.

VERÓNICA:  Hay un modo de ser delincuente también

Juan Pablo:  Mirá lo que es un amigo, escuchá bien lo que te digo.

Horacio:        Estás perdiendo la jugada

JULIANA:     Ojo con perder la jugada...

Juan Pablo:  Para que ganes vos... ni siquiera es necesario que vos te metas, yo te puedo ayudar.

LÍA:                ...Se te va el alma en ello

Horacio:        ¿Cómo? A mí no me ayuda ni Dios...

VERÓNICA:  ¿Dios? ¿Dónde estará?

Juan Pablo:  Yo hago los contactos, yo gestiono, una vez al día vos me pasás los datos y ni te enterás adónde van a parar.

Horacio:        Un ciego que roba, sigue siendo un ladrón.

JULIANA:     Por acá no está Dios

Juan Pablo:  ¡No estás robándole a nadie! No seas gil...

LÍA:                (Fingiendo buscar entre sus ropas) Por acá tampoco está Dios

Horacio:        ¿No? ¿Y la gente que trabaja y ve que el sueldo se les licúa en la mano por la inflación?

Juan Pablo:  No seas ingenuo, ¿vas a creer que tres empresas que mandan guita afuera para salvarse son causa de todos los males financieros?

Horacio:        Viejo, esto me pone mal. Me da la impresión de que te estás aprovechando de mi debilidad. No te confundas. (Se refrena) Mirá, perdonáme, soy un boludo. ¡Desconfiar de vos!

VERÓNICA: ¿No estará en la conciencia, Dios?

JULIANA:     En la conciencia (Se van retirando) en la conciencia…

LÍA:                En la conciencia, en la conciencia (Como un canon de fondo mientras se retiran diciendo esto los hombres siguen hablando con más fuerza)

Juan Pablo:  No te hagas mala sangre, te entiendo

Horacio:        ¡Qué sé yo! Siempre anduve por derecha, vos me conocés, qué se yo, tal vez es una racha, la suerte, la fortuna que da vueltas

Juan Pablo:  No, ¡qué destino ni que ocho cuartos!

Horacio:        No puedo ayudar a mis hijos y es lo único que quiero hacer

Juan Pablo:  No quiero verte en la lona. Un hombre arruinado es el árbol caído. Y del árbol caído todos hacen  leña.

Horacio:        De esa forma, no.

Juan Pablo:  Solamente quiero salvarte. Cuesta tan poco....

Horacio:        Torcer el destino…


(Se escucha desde el fondo, ya no se las ve, las tres voces de:)

VERÓNICA:  Nooo Con el destino no se juega

JULIANA:     No, el destino no.

LÍA:                Nadie tuerce el destino.



ESCENA   6



(Aparece Facundo hablando con un teléfono celular caminando con él. Recorre todo un trayecto que en algún momento esquiva al grupo de los jugadores que siguen sus jugadas en silencio mientras las damas desaparecen)

Facundo:       Sí, le avisé, quise hablar con mamá también, ¿me podés atender cuando hablamos, Joaquín? Escucho ruidos ahí, ¿con quién estás? No loco, no te persigo pero cuando hablamos quiero que me escuches. ¿Es mucho pedir?  ¡Te dije que estoy bajo esa amenaza!, bueno no, no sé si es una amenaza... mejor es hablar de extorsión, eso, extorsión queda mejor.

(Aparece Verónica hablando por celular, haciendo un trayecto similar aunque inverso al de su hermano)

Verónica:      Pará, pará que no es así, Juan Pablo. Yo no te amenacé, solamente te dije que necesito esa guita y quedáte tranquilo que no le voy a decir nada  a Lía.

Facundo:       Ya te dije que sí, que nos vimos algunas veces con ese tipo. Ya te dije.

Verónica:      No, para nada, lo que pasó entre vos y yo quedó entre cuatro paredes. No uso el sexo para conseguir bienes y servicios, che. ¿Por quién me tomás?

Facundo:       ¡Sexo, claro! Pero solamente eso, sexo a cambio de una ayuda, yo necesitaba, estaba desesperado, él me podía ayudar, no te engañé, fueron tres o cuatro veces nada más y por guita.  
  
Verónica:      ¿Te pensás que soy una trola? (Ríe haciendo señas como si tuviese al interlocutor enfrente) No uso mi cuerpo como una trampa. La pasamos bien los dos y ahí terminó la historia. ¿O no?

Facundo:       Tuve algunos encuentros con él, encuentros íntimos, ¡no, lejos, en un hotel, no quiero contarte más detalles, esto es humillante pero no quería dejarte de lado, ¿Me vas a disculpar esto alguna vez?

Verónica:      Necesito ese dinero ahora. Tengo una deuda mía urgente.

Facundo:       ¿Te enojaste? Era sexo nada más, ni siquiera eso porque me daba...asco. Me siento vacío y muy solo, Joaquín. ¿Sabés lo que va a pasar si llamamos a convocatoria? ¿Sabés cuánta gente se queda en la calle sin trabajo? Yo mismo...

Verónica:      Por eso te dije urgente, Juan Pablo, no puedo esperar nada.

Facundo:       ¿Entendés?, me hizo activar el GPS del teléfono para saber dónde estoy en cada momento, me siento vigilado. Así, no quiero vivir. Así, no.

Verónica:      ¿Cómo le voy a pedir a papá? Está difícil acá... ¿acaso no sabés?

Facundo:       La deuda es como un martillo, viejo. No deja de dar golpes. Me despierto de madrugada transpirado, pensando en deudas

Verónica:      ¿No me enseñaste que las deudas son necesarias, a veces?

Facundo:       Él se llama Juan Pablo, es amigo de papá

Verónica:      Papá no sabe nada de esto, Juan Pablo. Papá es tu amigo.

(Desaparecen cada uno por su lado)





ESCENA 7

(Queda la escena a oscuras salvo un punto en donde Horacio con ropa de gimnasia y toalla al cuello camina como si estuviese en una cinta de gimnasia mientras Juliana recorta gajos de una maceta)


Horacio:        ¿Alguna vez hiciste algo ilegal?

Juliana:         No. No recuerdo al menos...

Horacio:        ¿Harías algo inmoral por mí?

Juliana:         ¿Qué me estás diciendo?

Horacio:        Divago, hay algo en lo que no puedo ver claro y me gustaría saber tu opinión.

Juliana:         Mi opinión no sale del jardín, querido. No entiendo otra cosa. Hice poner una glorieta con herrajes...

Horacio:        Solamente te pediría que te pusieras un momento en mi lugar para ver si estoy por obrar bien.

Juliana:         Después voy a colgarle glicinas, ahí vamos a tomar mates por las tardes

Horacio:        ¿Está mal pasar datos económicos a las empresas?

Juliana:         (Firme) ¡Por favor! Hacé de cuenta que no escuché nada.

Horacio:        Entiendo, perdón.

Juliana:         ¿Cómo quedaría la pared pintada en terracota?

Horacio:        Bien, es un color cálido, ¿no? Agregále malvones, me gustan los malvones rojos, uno los toca y dejan un olor a limpio...





ESCENA   8




(Se apaga la luz bruscamente y aparece Juan Pablo con Facundo, la escena tendrá buenos efectos de luces para destacar el torso de Facundo que lo lleva sin camisa, como si justamente se estuviese vistiendo para salir mientras lo ronda Juan Pablo y esto debe ser insistente y molesto, esta ronda)


Juan Pablo:  Depende de quién te usa, pendejo

Facundo:       Nadie me usa

Juan Pablo:  ¿Joaquín?...

Facundo:       ¿De dónde sacaste eso?

Juan Pablo:  En el ministerio se sabe todo...

Facundo:       Joaquín (Titubea) me ayudó con esos embargos; pudo frenar la ejecución judicial, sin eso tendríamos que declarar la convocatoria.

Juan Pablo:  ¿Te ayudó, che?

Facundo:       Sí, nos dio tiempo, Solamente necesitamos tiempo...

Juan Pablo:  ¿Y el en motel “Jardines de Babilonia” te venden tiempo?

Facundo:       (Consternado) ¿Me hiciste seguir?

Juan Pablo:  Cuido lo que es mío

Facundo:       ¡Pero esto es un asco!

Juan Pablo:  Será, pero no te vas a librar de mí así porque sí.

Facundo:       Dejáme en paz

Juan Pablo:  Tarde para eso, la paz tiene precio

Facundo:       Ya pagué bastante, eh…

Juan Pablo:  Una parte, pero falta el resto de lo que me debés, la paz es cara, mi tierno amigo.

Facundo:       Esto es miserable... me da asco

Juan Pablo:  ¿Tan repulsivo soy? En la cama gozabas de lo lindo

Facundo:       Estaba borracho

Juan Pablo:  Tremenda gozadera, pendejo. (Alza los brazos) Al cielo te subiste varias veces, ¿Ya te olvidaste?

Facundo:       Quiero olvidarme... ¿qué querés al final? ¿A mí, a mi hermana, a Lía?
Juan Pablo:  Yo sé lo que quiero…

Facundo:       Todo, querés acaparar todo, pero yo no...

Juan Pablo:  Yo no suelto así nomás lo que es mío.

Facundo:       Te podés ir a la mierda, yo no soy de nadie

Juan Pablo:  (Reacciona con furia, lo toma del brazo, lo sacude) Entonces es cierto lo de Joaquín, ¿y qué le viste a ese, che?

Facundo:       Dejáme en paz

Juan Pablo:  Ya te dije que esa paz tiene precio, tenés que devolverme todo, hasta el último centavo si querés quedar libre. (Lo mira fijamente)

Facundo:       Claro que necesito quedar libre, te voy a pagar

Juan Pablo:  ¿La tiene más grande que la mía, che? (Se soba la bragueta)

Facundo:       Sos de lo peor.

Juan Pablo:  Soy lo que tenés.

Facundo:       Tu codicia es lo que tengo. Querés tener todo y no tenés nada.




ESCENA  9 



Horacio:        (Se encuentra con Lía que está sentada frente a un foco de luz que semeja una ventana)  ¿Qué tal? No sabía que estaba aquí.

Lía:                 Esperaba a Verónica.

Horacio:        ¿Cómo va ese tema de la exposición?

Lía:                 Bien, creo. El tema de Rivadavia es relativamente fácil pero vincularlo con los '90, tiene sus dificultades, depende de qué ideología tenga el análisis.

Horacio:        Tengo entendido que es una reunión de empresarios, ¿no?

Lía:                 Así es. Estudios de arquitectura y financistas.

Horacio:        Alto nivel liberal.

Lía:                 Ni más ni menos. Hay que andar con pies de plomo.

Horacio:        Son muy quisquillosos, como todos los que saben que obran mal.

Lía:                 ¿Cómo?

Horacio:        (Siguiendo el hilo de sus ideas) ¿Alguna vez pensaste que el Infierno ha de ser un sitio lleno de sospechas? ¿Quién confiaría en quién? Todos se saben forajidos...

Lía:                 No sabía que tenía apreciaciones religiosas

Horacio:        Sentido común nada más.


(En otro nivel, Facundo ya aparece vestido y se encuentra con Verónica. Estas dos escenas deben cruzarse como si fuesen casi simultáneas)



Verónica:     ¿Por qué no renuncia de una vez?

Facundo:      Tiene que esperar que termine la auditoría.

Verónica:     ¿En el casino?

Facundo:      La única válvula de escape que tiene.

Verónica:     ¿Apostar? Eso es perder tiempo.

Facundo:      La fantasía de ganar todo y salvarnos de la bancarrota.

Verónica:      Hay que trabajar para eso.

Facundo:       La emoción... ¿de qué sirve una vida sin emociones?

Verónica:      ¿Con la empresa que se viene al piso no te alcanzan las emociones?

Facundo:       Sé lo que es eso. Es como una borrachera, se siente por un momento que todo el poder está en esas fichas que se apuestan, ahí está el bien  y el mal, la gloria y la derrota, todo junto.

Verónica:      ¡Otra vez con tus mariconadas! ¿No te basta con acostarte con un chabón? ¿Le tenés que poner romanticismo y música de violines también?

Facundo:       Siento lo mismo cuando me corto la piel

Verónica:      ¿Cómo? ¿Qué estás diciendo? (Lo sacude, él está como hipnotizado)

Facundo:     Salgo de esa muerte de todos los días con la emoción de sentir que tengo un cuerpo (Lo dice casi inmóvil, aunque Verónica insista sacudiéndolo)  y está vivo. (Como despertando) El dolor me recuerda que estoy vivo. Y sin embargo, son juguetes.

Verónica:      ¿Qué juguetes?

Facundo:       Las fichas del casino, los cospeles de plástico, ¿acaso sirven de algo fuera del casino?

Verónica:      No sé, qué sé yo, creo que son para el canje solamente.

Facundo:       Pero ahí adentro, entre el humo y las penumbras, se convierten en lo único que tiene sentido  para él. (Como si despertara) ¡Es muy fuerte!

Verónica:      ¿Querés emociones fuertes? ¿Por qué no te ocupás de hablar como hombre con los del sindicato? Paráme esa huelga o el banco nos cierra las cuentas.


(Siguen Lía y Horacio, ella observa fijamente algo en dirección a la luz de la ventana)

Horacio:        ¿Qué está mirando?

Lía:                 ¿Ve ahí, ése nido en la rama?

Horacio:        A ver, ¿allá?, mirá vos... nunca me había fijado.

Lía:                 ¿Le parece que esa rama puede resistir una tormenta?

Horacio:        No sé, no me preocupan mucho los pájaros

Lía:                 Pueden ser grandes maestros de la vida

Horacio:        ¿Esos pájaros? Ni siquiera sé qué son...

Lía:                 Zorzales... cantan para siempre y hacen un nido frágil

Horacio:        No sé, puede ser, pero ¿qué importancia tiene?

Lía:                 La naturaleza es una sola, lo que les pasa a los zorzales nos pasa a los humanos, a las plantas, a todo.

Horacio:        ¿Y qué nos pasa a nosotros?

Lía:                 La tormenta

Horacio:        ¿Qué tormenta? (Siguiéndole el juego) ¿La de adentro o la de afuera?

Lía:                 El nido tiene crías, si viniera una tormenta esa rama débil se rompe…

Horacio:        ¿Y qué les pasa?

Lía:                 Se mueren, caen, los pisan o los devoran los gatos

Horacio:        ¿Y eso nos enseñan esos bichos? ¿A morir?

Lía:                 No. Nos enseñan a cantar aunque la rama sea frágil. (Como si despertara de un ensueño) Perdóneme, a veces me distraigo.



ESCENA  10





Juan Pablo:  Ya está, decile a tu padre que hice todos los contactos

Facundo:       ¿De qué me hablás?

Juan Pablo:  (Muy sobrador y merodeándolo) Vos le decís eso, él ya va a entender...

Facundo:       Viniendo de vos...

Juan Pablo:  ¿Qué decís, pibe? Estoy salvando a tu padre de la quiebra, te estoy salvando a vos ¿y me venís con ironías?

Facundo:       Yo no te pedí nada

Juan Pablo:  Bueno, decíle a tu Joaquín entonces que te ayude, che.

Facundo:       Joaquín es un amigo... ¿qué vas a entender de amistades si todo embarrás con sexo? ¿Creés que vas a manejar a la gente con eso?

Juan Pablo:  La gente no me interesa, me importás vos

Facundo:       A mí, no...

Juan Pablo:  ¿Así me agradecés? Trato de salvar a toda tu familia de la ruina y...

Facundo:       No te engañes. Vos no salvás a nadie gratis.

Juan Pablo:  ¿Tan importante te creés? ¿Qué sos? Un pobre muchacho hundido en las drogas.

Facundo:       Pero me necesitás

Juan Pablo:  Mirá pibe, yo hago así (Chista los dedos) y consigo diez pendejos mucho mejores que vos. Y acordáte de mi plata, che. Cortante y amenazando) Res non verba. Sesenta mil dólares.

Facundo:       Me necesitás… más que a tus dólares..(Desafiante)



ESCENA   11



Horacio:        (Entra hablando solo con un libro abierto que parece venir leyendo) <<¿Eres asesino? Sí señor, soy uno de esos seres a los que golpes y más golpes y el azar del mundo exasperaron de tal modo que haría lo que fuese por vengarme del mundo. Y esa venganza me azuza para matar. Cansado de miserias arriesgaría mi vida a cualquier precio con tal de mejorarla o librarme de ella como una carga molesta>> ¿Qué tendrá allá en las profundidades el espíritu humano que es capaz de albergar el pensamiento más sublime al lado de los actos más atroces?

Verónica:      (Entra y se queda esperando intrigada por lo que ve en su padre) ¿Hablabas solo, papá?

Horacio:        Leía, las viejas palabras del viejo Shakespeare... decime, Verónica, ¿qué harías si te ofrecieran salvar la empresa con dinero sucio?

Verónica:      Siempre elijo el mal menor, dicen que Dios hace lo mismo. De manera que soy cristiana, je je...

Horacio:        ¿Y cuál es el mal menor?

Verónica:      La limpieza del dinero, pa. Necesitamos pagar esas deudas lo antes posible, como sea. El mal mayor es quebrar la empresa.

Horacio:        ¿Por qué? ¿Cómo diferenciás uno de otro?

Verónica:      Detrás de toda fortuna hay algún crimen, ¿o no? En esta urgencia, la procedencia del dinero no me preocupa, pero si declaramos la quiebra, si el banco se nos adelanta y hace convocatoria de acreedores, se viene el mundo abajo para todos, empleados y patrones. Y hasta los pelotudos de los sindicalistas (Enérgicamente con odio) se tendrán que meter sus carteles en el orto.

Horacio:        ¿Venderías información confidencial por ejemplo?

Verónica:      Me vendería yo, si tuviese comprador papá. ¿Por qué me preguntás?

Horacio:        Yo me entiendo, bastante carga mi conciencia para pasarte el fardo.



ESCENA 12



Juliana:         (Que está reparando un artículo de madera, como si fuese un taburete, con sombrero de paja y una luz muy fuerte cenital como si estuviese al sol, cuando ve llegar a Lía) Ah, querida, pasá. (Se disculpa, se saca el guante rústico y le pasa la mano) No me di cuenta, ¿llegaste recién?

Lía:                 No se preocupe señora, espero un momento a Verónica, me avisó que está llegando.

Juliana:         Mi pobre hija está... la veo muy afligida, es joven y ya piensa en negocios y manejos; discute con los gremialistas de la empresa como si fuese un varón…

Lía:                 Se sabe plantar cuando tiene razón, señora, y todas deberíamos imitarla

Juliana:         ¿Te parece? (Lo dice con duda verdadera) Yo creo al revés, que ella debería imitar tu estilo. Me encanta tu sentido de la elegancia, en el vestir y en los modos.

Lía:                 Señora, me va a hacer poner colorada.

Juliana:         Está a la vista, genio y figura, hasta la sepultura, diría el poeta. ¿Sos feliz? (Lo dice sorpresivamente, siempre mientras repara su madera. Lía queda sorprendida un momento)

Lía:                 ¿Feliz? No sé, hay momentos que sí, pero trato de estar en paz siempre

Juliana:         ¿Cómo hacés? Yo lo vengo intentando hace 40 años y cuando expulso los demonios por la puerta, vuelven por la ventana.

Lía:                 Amo a un solo hombre, me llevo bien con mis familiares, no tengo conflictos en el trabajo...

Juliana:         La paz no es simplemente la falta de guerra. No sé, divago, disculpáme…

Lía:                 ¿Qué desea señora? (Lo dice con firmeza, mirándola fijamente)

Juliana:         Yo ya no tengo grandes deseos

Lía:                 Entonces ya está en paz.

Juliana:         Siempre admiré tu aplomo, querida

Lía:                 No soy yo, es mi fe la que me da alegría y paz

Juliana:         Qué lindo es tener fe, da confianza

Lía:                 Dios está para eso, para dar fuerzas a sus criaturas

Juliana:         Debe ser… (Se le nota la duda)

Lía:                 ¿Usted no cree, Juliana?

Juliana:         No sé, tal vez en el fondo siga creyendo a pesar de lo que me enseñaron

Lía:                 ¿Cómo? ¿No le enseñaron a creer?

Juliana:         También me enseñaron a descreer... pero ya no me preocupo por eso, las cuestiones del más allá no me incumben, yo sé que estoy más acá. Éste es mi mundo (Abre los brazos señalando su casa) y ése es mi jardín del Edén.



ESCENA 13




(Música de Shubert, se ve a Juan Pablo colocando dinero en un sobre de papel madera, lo cierra y se pone un saco para salir, luego pone el sobre bajo el brazo, mientras hace todo esto siguen conversando en su sitio Lía y Juliana)


Lía:                 Yo también creía eso, hasta que… (Le cuesta decirlo)

Juliana:         Hasta que...

Lía:                 Mamá se me murió en mis brazos. Cáncer. Dolor, pedía a gritos que le calmaran esa tortura, me quedó grabado a fuego, ella nunca hizo daño a nadie

Juliana:         (Se le acerca) Pobrecita...

Lía:                 El día que murió se terminó ese pequeño mundo de mi casa. Y busqué desesperadamente algo afuera. Y afuera estaba Dios

Juliana:         Sí, te comprendo, el dolor...

Lía:                 Afuera estaba de nuevo la vida, la naturaleza, el dedo de Dios había escrito ese día un sol luminoso y me dije:

Juliana:         Ya pasó, pobre, lo que habrás sufrido

Lía:                 “No hay sombra, no hay infierno, no hay tiniebla capaz de opacar esta luz”

Juliana:         No, no hay. No debe haber. (Se apaga la luz con música suave)



ESCENA 14



Verónica:      (Siguen repasando la exposición sobre Rivadavia con Lía, entre las luces que se proyectan...) Sigamos con Bernardino Rivadavia

Lía:                 1826 primera presidencia

Verónica:      Ley de nacionalización de los recursos, el presidente dispuso que la recaudación de la Aduana de Buenos Aires se usaría para los gastos del Estado nacional.

Lía:                 Una medida centralista como cabría esperar de un gobierno unitario...

Verónica:      Sí, pero dejó armado el esquema actual: la Nación recauda casi todo y reparte casi nada.

Lía:                 Y en los '90 estas políticas públicas se hicieron más cerradas.

Verónica:      Mayor concentración de poder en los grupos económicos centrales...

Lía:                 Pero eso no podemos decir en la exposición

Verónica:      ¿Por qué? Son hechos...

Lía:                 Verónica, mi vida, pensá que nos invitan empresarios y líderes de márketing.

Verónica:      Ya sé

Lía:                 Liberales, querida, y no podemos cantarle las cuarenta si queremos que ayuden a la fundación y a tu empresa. Están los contratistas grosos.

Verónica:      ¿Hay que mentir?

Lía:                 No. Basta con no decir lo que es chocante o se preste a cuestionamientos…

Verónica:      Esto no tiene sentido (Muy molesta)

Lía:                 (Apaga el proyector, la luz se extingue y se enciende la de escena) Pensemos un poco querida, nuestra fundación necesita esos fondos, tu empresa necesita contactos para las licitaciones. ¿Para qué ir al choque diciéndoles “ustedes cacareando su libertad nos endeudaron hasta la raíz? Hay que tener más tacto.

Verónica:      Necesito pedirte un favor…

Lía:                 ¿Qué cosa?

Verónica:      Tengo una deuda urgente, necesito que me prestes dinero

Lía:                 ¿Dinero? (Primero como si dudara,  luego trata de diluir esa desconfianza que mostró inicialmente) ¿Cuánto dinero?

Verónica:      Setenta mil dólares... es por diez o quince días

Lía:                 Ufff, es... una cifra, ¿no?

Verónica:      (Se mantiene firme) En otro momento  te di una mano…

Lía:                 Sí, yo no decía... ¿Para cuándo?

Verónica:      Mañana, a mediodía tengo que depositar eso.

Lía:                 Hecho, mañana temprano te entrego. Traéme un recibo, eh.

Verónica:      Gracias. Y no te preocupes, vamos a limar todo lo que haga falta, la exposición sobre Rivadavia será bien histórica dejando el pasado donde está: sepultado

Lía:                 Lo que nos dijo Juan Pablo: el pasado es una hermosa galería donde de puede contemplar a los próceres… sin hacerles preguntas.

Verónica:      Nada de preguntas.



ESCENA 15





Horacio:        Sé todo lo que no hice. Sé bien, como padre, bueno, mis ocupaciones... (Habla alcoholizado)

Facundo:       No te reprocho nada

Horacio:        (Lo acaricia) Crecieron casi solos...

Facundo:       Siempre estuviste aquí

Horacio:        Como están los retratos... que miran todo sin comprometerse

Facundo:       ¿De qué me querías hablar?

Horacio:        (Saca un arma) De esto. Quiero que sepas que tengo un arma por cualquier cosa...

Facundo:       ¿Qué es 'cualquier cosa'? (Mira alrededor y encuentra una botella semivacía) ¿Te vas a dedicar al wisky, como mamá? (Como Horacio está mareado, trata de sujetarlo, por favor no hacer una caricatura del borracho, basta con asirse a una mesa para demostrar que le falta equilibrio) No entiendo, papá, ¿me hacés llamar para hablarme cuando estás tomado?

Horacio:        Apenas un vaso, no estoy borracho…

Facundo:       Me mostrás un arma, me hablás de lo que podría suceder... tambaleás

Horacio:        ¡Como la empresa que les dejé! (Se ríen) Tambalea, pero no se cae...

Facundo:       No te imaginás... ayer...(Va para contarle algo pero el padre lo ataja)

Horacio:        ¿Qué harías si te ofrecieran hacer algo...un poco torcido para tener dinero?

Facundo:       Habláme más claro, no entiendo...

Horacio:        Si tuvieses que consentir una... irregularidad para tener dinero, mucho dinero, bueno, lo suficiente para sostener la empresa hasta que  yo abandone mi puesto

Facundo:       ¿Irregularidad? ¿Qué es eso?

Horacio:        Manejos que otorga el poder...

Facundo:       ¿Iría a la cárcel si se descubriese mi 'irregularidad'?

Horacio:        Bueno, no. Digamos que no dejarías huellas…

Facundo:       Yo, hoy, haría lo que fuere para salvar la empresa.

Horacio:        ¿Por qué? ¿Venderías el alma al diablo como Mefistófeles
?
Facundo:       No tengo alma para ofrecerle, papá.

Horacio:        Te queda el cuerpo

Facundo:       Ya lo vendí.



ESCENA 16




(Lía y Juan Pablo cruzan caminando, ella lleva paraguas, él piloto, hay sonidos y luces de tormenta más que de lluvia, él la toma por el hombro)

Juan Pablo:  Me extrañó tu pedido

Lía:                 (Con ironía) Soy una mujer extraña, amor...

Juan Pablo:  Nunca me habías pedido plata (Saca el sobre del bolsillo y se lo entrega)

Lía:                 Es un préstamo (Relámpago) ¿Ves?, Dios se enoja con vos por desconfiado.

Juan Pablo:  ¿No me querés decir para qué es?...

Lía:                 Cosas privadas, amor, tengo una vida propia, ¿sabías?

Juan Pablo:  Una vida con deudas, parece. Firmáme acá (Le hace firmar un papel)

Lía:                 Parece… (Siguiéndole el juego, mientras firma el recibo) Sólo Dios sabe los sacrificios de la caridad (Se persigna)

Juan Pablo:  ¿Setenta mil dólares para beneficencias?

Lía:                 Todo lo que invierta en la Tierra me será devuelto en el cielo (Relámpagos) Tenemos esos contactos pendientes, amor, mi comisión por pasar la información a los contactos es del 10 % como es regla…

Juan Pablo:  Ehh  ¿10 %? Es mucho, Horacio me dará los datos

Lía:                 Son mis condiciones, soy la que corre el mayor riesgo en estas operaciones...
Juan Pablo:  ¿Por qué? Todos corremos riesgos…

Lía:                 Soy el eslabón más débil

Juan Pablo:  Error. Yo soy más vulnerable por mi cargo (Relámpagos) Uy parece que tu jefe (Señala arriba) se enojó

Lía:                 Si Dios tuviese que cobrarnos el mal que nos hacemos...

Juan Pablo:  ¿Cómo va la exposición sobre Rivadavia?

Lía:                 Ah, salió perfecta, vas a quedar como un duque

Juan Pablo:  Apuremos, que llegamos tarde...



ESCENA 17




(Juliana está de nuevo con sombrero tratando de armar una maceta o un arreglo floral, con guantes y luz cenital muy fuerte, Verónica está batiendo en un pocillo para hacerse un café instantáneo, siguen de fondo los ruidos de la tormenta)

Juliana:         ¿Y qué le dijiste?

Verónica:      Que sí

Juliana:         ¿Así, tan simple?

Verónica:      Uy, mamá, ustedes les agregaban romances y cartas y música de fondo, hoy por hoy cuando alguien te gusta arreglás un encuentro íntimo para probar

Juliana:         ¿Probar? ¿Qué?

Verónica:      Probarse una misma,  a ver hasta dónde es capaz de llegar sin comprometerse mucho

Juliana:         Pero, ¿no estás enamorada?

Verónica:      No, no sé, nunca me pasó...

Juliana:         ¿No necesitaste alguien como si fuese el aire que respirás?

Verónica:      Sí: la empresa.

(Llega Lía, con la ropa que traía cuando se la vio con Juan Pablo)


Lía:                 Buen día

Juliana:         Ay, pobrecita, te habrás mojado

Lía:                 Muy poco, no llueve todavía, solo algunas gotas

Juliana:         (Se saca los guantes, se limpia las manos) Voy a buscarte una toalla y un poco de té

Lía:                 Gracias, señora. (Cuando se va Juliana, Lía le entrega el sobre a Verónica) Acá está, setenta mil.

Verónica:      En quince días te lo devuelvo.

Lía:                 ¿El recibo, querida?

Verónica:      Sí, ya te doy




ESCENA  18

           



(Horacio está sentado en un sillón del tipo de los que hay en despachos u oficinas, en el centro de la escena mirando hacia bambalinas es decir dejando el perfil derecho a escena; en otro sillón similar, de espaldas a él, está Juan pablo también hablando por teléfono, es la misma conversación, por una convención más del teatro los reunimos pero están en sitios diferentes)

Horacio:        ¿Y para cuándo necesitan la primera tanda?

Juan Pablo:  El martes. Por eso te digo, lunes por la noche levantá todos los datos

Horacio:        Resumiendo: Precios de títulos públicos que van a salir, la cifra exacta de emisión monetaria, las reservas del Central, las reales, claro, las otras salen en los diarios...

Juan Pablo:  ¡Compro el diario todos los días, Horacio!

Horacio:        Sí, perdón, estoy torpe, nunca hice... (Transpira, se seca con un pañuelo la frente)

Juan Pablo:  Siempre se puede dar el primer paso

Horacio:        Aprender a caminar...

Juan Pablo:  Nada de papeles, yo te llamo y me dictás los números...

Horacio:        ¿En el teléfono? Pero y si...

Juan Pablo:  Ya pensé en eso, me vas a llamar a un móvil de un pariente desde el locutorio que tenés en la esquina

Horacio:        Eso no se rastrea...(Se seca de nuevo a frente)

Juan Pablo:  Eso, amigo, yo sé que estás muy perturbado por todo esto. Pensá de este modo: el ministerio te metió en este baile

Horacio:        Mi cargo, no el ministerio.

Juan Pablo:  Tu cargo del ministerio...

Horacio:        ¿Y entonces?

Juan Pablo:  Y esto que hacés es... una compensación apenas. Nada más. No vamos a matar a nadie.

Horacio:        Cierto, lo difícil es dar el primer paso

Juan Pablo:  Como cuando aprendimos a caminar (Se ríen, luego cuelgan)




ESCENA  19




(Entra Verónica con el sobre en la mano, Facundo está vestido como para oficina, con un maletín sobre el regazo y sobre el maletín apoyada una notebook)


Verónica:      (Entrega el sobre a Facundo) Acá está

Facundo:       Gracias, sabía que no me ibas a fallar (Evita mirarla directamente pero Verónica no le entrega el sobre hasta que alza la vista)

Verónica:      ¿Para qué es todo eso? ¿No será todo para las drogas, no?

Facundo:       No, eso es una parte (Muy incómodo)

Verónica:      ¿Y lo demás?

Facundo:       Te voy a devolver...

Verónica:      ¿Y el resto?

Facundo:       Para pagar a un tipo que me extorsiona

Verónica:      ¿Qué tiene contra vos?

Facundo:       Le debo 60 mil verdes

Verónica:      ¿Por drogas?

Facundo:       No, nada que ver. Para pagar las diez indemnizaciones que tuvimos hace un mes, ¿te acordás?

Verónica:      No me ocupo del personal.

Facundo:       Yo, sí.

Verónica:      Tenemos quince o veinte días para devolver

Facundo:       Ya habrá fondos la semana que viene. Las deudas (Se ríe) ¿Te das cuenta?

Verónica:      No le encuentro la gracia

Facundo:       Manejábamos tanto dinero que nos quedamos pobres...

Verónica:      Facu, ¿vos creés en el amor?

Facundo:       No me doy esos lujos

Verónica:      Eso le decía a mamá: el amor ya no está de moda.



ESCENA  20




Lía:                 Yo sabía que Verónica iba a buscar el modo de arreglar

Horacio:        Me dicen que salió espectacular...

Lía:                 ¿Sí?, ¿eso dicen?

Horacio:        Amigos y amigas que me llamaron... Brillante

Lía:                 Me alegro mucho. Necesitamos ese dinero para la fundación.

Horacio:        Asegurado... quedaron muy contentos, Rivadavia es una figura un poco desgastada. Ustedes le devolvieron el panteón al prócer.

Lía:                 En el fondo fue fácil. Todos tenemos un lado de luz y un lado oscuro, para ser aceptados basta con esconder las sombras, que se ocultan solas.

Horacio:        Poner un manto de piedad sobre la miseria humana.

Lía:                 Que todos tenemos, quien más, quien menos




ESCENA  21




Juan Pablo:  ¿No te das cuenta? ¡No me podés pagar todo lo que hago por ustedes! Y todo ¿sabés por qué? No te quiero perder.

Facundo:       No estoy en tu inventario.

Juan Pablo:  ¿Me vas a dejar por ese muerto de hambre de Joaquín?

Facundo:       (Saca el sobre) Acá están tus 60.000 dólares.

Juan Pablo:  ¿Cómo me hiciste esto? (Indignado y colérico a la vez) ¿Quién te dio el dinero? ¿Cómo metiste a Lía en todo esto? (Se le abalanza encima, lo tumba y le aplasta la cabeza contra el piso para evitar que se mueva mientras le increpa) Metiste la pata hasta el cuello, pendejo boludo.

Facundo:       ¿Lía? ¿De qué me hablás?

Juan Pablo:  Este dinero (Levanta el sobre) ¿De dónde lo sacaste entonces?

Facundo:       Me lo dió Joaquín.

Juan Pablo:  ¡Te estás burlando de mí!, yo te voy a enseñar (Levanta el puño para golpearlo)

Lía:                 ¿Qué pasa? ¿Qué es todo esto?

Verónica:      Levantáte, Facundo. ¿Qué le estás haciendo a mi hermano, vos, forro?

Juan Pablo:  Lo voy a moler a palos (Lía ve el sobre tirado y se lo muestra a Verónica, como preguntándole ¿y esto?) Uno ayuda (Lo deja en el piso, se levanta, se sacude polvo de la ropa) y como agradecimiento recibe traiciones...

Lía:                 ¿Qué traiciones?

Facundo:       Tu novio, me extorsionaba…

Verónica:      ¿Quién? (Mira a Juan Pablo fijamente) ¿Por qué?

Facundo:       Venía a casa por mí, hermanita.

Lía:                 No comprendo todo esto

Facundo:       Tuve sexo con él (Señala a Juan Pablo) a cambio de un dinero que me prestó para pagar esas indemnizaciones…

Verónica:      Y yo que pensé que lo hiciste por mí, desgraciado

Lía:                 ¡Un momento! Por Dios, que esto me aturde, no entiendo qué sentimientos se mezclan en toda esta basura.

Verónica:      ¿No escuchaste dónde está la basura?

Juan Pablo:  Es verdad, reconozco, estuve varias veces con el pibe. Me obsesiona. Pero yo no extorsioné a nadie.

Facundo:       Me exigiste que te devolviera los 60 mil dólares para dejarme en paz.

Juan Pablo:  ¡Vos te metiste con ese muerto de hambre!

Facundo:       Soy dueño de mi vida, ¿no?

Verónica:      ¿No era por nosotros? (Se lo dice a Juan Pablo buscando una explicación)

Juan Pablo:  No. Yo te aprecio mucho, a vos también (A Lía) pero no amo a nadie, únicamente este muchacho tiene poder sobre mí, no sé por qué…

Lía:                 Me has estafado todo este tiempo...

Juan Pablo:  No quise hacerte daño

Verónica:      ¡Qué mierda de tipo!

Juan Pablo:  ¿Qué es lo que tanto les hiere? ¿El amor propio? Empecé todo con tu hermano como un juego, yo nunca transé con hombres, ya ven cómo termina este juego

Lía:                 Dios me de fuerzas para mirarte sin odio de aquí en más

Juan Pablo:  Tené la seguridad de que te las dará, así como te dio fuerzas para hacer de puente en los negocios socios del ministerio.

Verónica:      ¿Cómo? ¿Qué estás diciendo?

Lía:                 (A Verónica, mientras trata de arrastrarla suavemente) Vamos querida, no lo escuches…

Juan Pablo:  Ella (Señala a Lía) es el nexo que tienen dentro del ministerio los grupos empresarios que compran información para adelantarse con los movimientos de las monedas, inversiones, depósitos en cuentas suizas. A eso se dedica en las horas libres.

Lía:                 Hijo de mil putas.

Verónica:      ¿Era la información que le estaban pidiendo a papá?

Juan Pablo:  Claro, la “señorita” cristiana era quien vendería esa información, como lo viene haciendo con otras secretarías del ministerio

Facundo:       ¿Y a mí me llamabas indecente?

Verónica:      Pero, cómo, ¿nunca descubrieron eso?

Juan Pablo:  No es técnicamente un delito.

Facundo:       Es sucio.

Juan Pablo:  Según cómo se vea, para mí es más sucio manipular los sentimientos de alguien que te quiere.

Lía:                 ¿Y mis sentimientos, qué?

Juan Pablo:  Ya te pedí perdón, no puedo manejar los míos.

Lía:                 Sos un… degenerado

Juan Pablo:  Ya hablaremos con tranquilidad

Facundo:       Estamos a mano… ahí está tu dinero

Juan Pablo:  No… todavía me falta, puse dos veces, hijo de puta. Este sobre es mío, ¿acaso me voy a pagar a mí mismo?

(Entra Juliana muy abatida por un lateral, del grupo ecuentra a Lía con quien queda en un cono de luz mientras los demás desaparecen...)

Juliana:         Querida, ¿sabés dónde está Verónica?

Lía:                 Estaba resolviendo unos líos, señora...

Juliana:         Estoy desesperada por primera vez…

Lía:                 ¿Por qué?

Juliana:         Tengo que avisar a los chicos que detuvieron a Horacio

Lía:                 ¿Cómo?

Juliana:         No sé, una investigación que hicieron, una auditoría o algo así, parece que hubo un fraude y él quedó detenido después de la indagatoria. Es una causa penal.

Lía:                 ¡Qué terrible!

Juliana:         El juez fijó la fianza

Lía:                 ¿Cuánto es?

Juliana:         Es mucho dinero...

(Salen del cono de luz al que entran Juan Pablo y Verónica)

Juan Pablo:  Está bien, no hablemos más de amores perdidos

Verónica:      ¿Qué es ese asunto del que culpan a papá?

Juan Pablo:  No te hagas problemas, es una adjudicación que se hizo hace tres años, pero tu papá no tuvo nada que ver.

Verónica:      ¡Pero está imputado y detenido!

Juan Pablo:  Ya llamé a mi abogado, tu papá estuvo con parte de enfermo cuando se operó, García hizo la adjudicación y seguramente falsificó la firma de Horacio. Es muy de García pero esto se puede probar en un incidente judicial.

Verónica:      Está preso

Juan Pablo:  Te juré que saldrá pronto. Lo más pronto.

Verónica:      Esto será un desastre, ¿escuchaste los anuncios? El gobierno impuso medidas para frenar la salida de dinero. Nadie puede sacar dinero de sus cuentas desde mañana.

Juan Pablo:  Ya se veía venir, los rumores eran ciertos

Verónica:      Pero están locos, será un desastre.


(Salen del cono de luz, entra Facundo con el celular)

Facundo:       Piden una fianza de un vagón de guita... ya sé que es mucho, amor, pero es lo que piden. No sé, tampoco entiendo nada de qué es lo que buscan con estas medidas que tomó el gobierno, ya hay corridas bancarias, gente frente a los cajeros, es un desastre…quedáte ahí en Corrientes que estará más calmo, Joaquín, porque Buenos Aires es un desastre...

(Sale del cono Facundo, entran Juliana y Juan Pablo, ella está visiblemente abatida)

Juliana:         Yo no entiendo nada de estas cuestiones...

Juan Pablo:  No te hagas mala sangre amiga, ya veremos cómo salir

Jualiana:       Está ese dinero... de la fianza

Juan Pablo:  Acá tenés el dinero… yo lo había ahorrado por cualquier cosa, pero sabés todo lo que quiero a Horacio.

Juliana:         No sé qué decirte...¡gracias!

Juan Pablo:  No sé, una intuición me advirtió que lo guardase en la oficina

Juliana:         Estamos en un mundo de locos

Juan Pablo:  Puede ser... ahora todo puede ser

Juliana:         Gracias. Esto me alivia mucho...

Juan Pablo:  Que ese dinero sirva para salvar a un inocente, porque Horacio no tiene nada que ver con esa adjudicación que le imputan. Yo estuve ahí, Juliana, aparte de servir de testigo sé quién fue el malhechor. (Se va Juliana con el sobre)
Que un dinero que tenía el destino de comprar un amor que no existe sirva para comprar esa libertad que existe porque no hay delito. ¿Curiosa, la vida, no Horacio? Estabas a punto de cometer una picardía y la ley te llegó por atrás, a cobrarte una deuda que no tenías. ¡Qué porquería!

(Audio: se escuchan los dos anuncios: fin de la convertibilidad y el corralito en la voz de Domingo Cavallo mientras se ve en un cono de luz a Horacio, sentado, acasi acurrucado, mesándose la cabeza. Al terminar, se apaga la luz, se enciende en escena donde están Juan Pablo, Lía y Verónica sentados)

Lía:                 ¿Quién podía imaginarse este desastre?

Juan Pablo:  Nadie. ¿Sabrá lo que hace, esta gente?

Verónica:      Estafarnos una vez más...


(Llega Facundo, muy alterado, la ropa desaliñada, los cabellos revueltos... trae de nuevo el sobre)

Facundo:       ¿Están todos reunidos? (Se ríe, nervioso) Somos como una familia, y tengo que arruinar la tarde

Lía:                 No te hagas problemas, el gobierno ya nos arruinó la noche...

Facundo:       Verónica, papá se suicidó en la cárcel, se ahorcó...

Juan Pablo:  Pero, ¿cómo?

Facundo:       Lo encontraron hace una hora en la celda, muerto. Verónica, gracias, esto ya no hace falta (Le entrega el sobre y se retira consternado)

Verónica:      Papá... muerto (Da vueltas el sobre) ¿Se dan cuenta? No pudo soportar esta acusación.

Juan Pablo:  Se hará justicia, yo voy a declarar quién falsificó esas firmas

Verónica:      ¿Y ahora, de qué sirve?

Juan Pablo:  Le sirve a mi conciencia

Verónica:      Poca cosa, si mi padre ya murió. Gracias, Lía, acá está de vuelta lo tuyo (Le entrega el sobre y se va)

Lía:                Vuelve el polvo al polvo, vuelve el dinero que ya no puede comprar nada
(Entrega el sobre a Juan Pablo) Tomá, esto es lo que te debía y nunca más nos veremos, andá, buscá a ese chico y tratá de ayudarlo como puedas. Sin pagar. Ya ves, la vida no se compra. Adiós. (Lo besa en los labios suavemente y se retira dejando a Juan Pablo solo en el cono de luz, abre el sobre y se pone a contar los billetes)

Juan Pablo:              Mil, cinco mil, doce mil, veinte mil, treinta mil, cincuenta mil... ¿qué estoy buscando aquí? ¿Mi conciencia bajo este fajo de billetes? ¿Para qué sirven ahora que ya no podemos comprar la vida perfecta? Nos llevó a la mierda a todos.

(Empieza a qumar los billetes, basta que queme uno y lo tire al tacho de la basura)

Esto vale la vida perfecta.


 FIN