LA VIDA IMPERFECTA
LUGAR: CASA DE LA FAMILIA IBAÑEZ EN LA CIUDAD DE BUENOS AIRES
TIEMPO: Noviembre del 2001
PERSONAJES
- 1.
El doctor Horacio Ibañez, economista
- 2.
Juliana Ginés, esposa
- 3.
Verónica, hija
- 4.
Facundo, hijo
- 5.
Juan Pablo, compañero de estudios de Verónica
- 6.
Lía, compañera de estudios
Horacio: (Entrando de traje y corbata, y
carpetas, marca paso firme, no cede un instante la atención porque se mueve
constantemente, no es un hombre estático, es un hombre decidido a controlar
todo que está atrapado en sus dominios como un animal enjaulado, habla
imperativamente)
Horacio: ¡Otra vez con lo mismo, Facundo!
También, a mí se me ocurre dejar la empresa en tus manos, ¿no ves que
cualquiera te maneja?
Facundo: ¿Me podés escuchar?
Horacio: ¿Querés que pierda la tarde escuchando
tus quejas y excusas? Pero dejáte de joder, che. ¿Sabés qué? Esas bolas (hace
amago de tocarlo, lo dice como en broma pero sabiendo que su efecto es
sarcástico) debí habérselas puesto a tu hermana que tiene agallas para
imponerse a esos burros del sindicato.
Facundo: Papá, (lo dice muy calmo, en
contraste con el nerviosismo de Horacio) ni siquiera me escuchás.
Horacio: Ya estuve ahí; cuando vos venís, yo fui y vine tres veces. Es cuestión de
velocidad.
Facundo: ¿Para qué me delegaste poder si no
confiás en mí?
Horacio: Les delegué la empresa porque no podía
seguir en mi cargo del ministerio y atendiendo mis negocios particulares, ¿no
sabés que son incompatibles? Me rompí el alma formándome en el exterior en
políticas económicas; esa empresa la puede manejar cualquiera, yo tengo ese
otro desafío...
Facundo: ¿No es mejor cuidar lo tuyo?
Horacio: ¿Y qué, no pueden manejar una empresa
cualquiera? ¿Son de madera ustedes?
Facundo: ¿Cualquiera? ¿Una empresa que se está
cayendo a pedazos? ¿Que tiene las cuentas en rojo? Nos pasaste casi un cadáver,
papá. Un cadáver con sindicalistas…
Horacio: ¿Ves? La desesperación no es buena
consejera. (Trata de conciliar) Claro que confío en vos, pero hay
que darte una patada en el culo para que reacciones. Estás en la jungla, entre
lobos ahora, no en el jardín de infantes.
(Entra
Verónica, trae libros y carpetas en las manos, viste como una ejecutiva, con
trajecito sastre, cabellos recogidos, tacos y detalles delicados de exquisitez,
pisa firme, se mueve con precisión, habla poniendo énfasis en las palabras más
hirientes; es una dama que actúa entre hombres, muchos de ellos camioneros)
Verónica: ¡Salud! Tenemos reunión familiar... ¿o es
de negocios?
Horacio: Hablaba con tu hermano de mi posición en
el ministerio.
Verónica: Mi hermano (Irónica, mordaz)
debería saber primero qué posición ocupa él.
Facundo: ¿Vos también?
Verónica: ¿Sabés el lío que tuve con los delegados
por tus 'negociaciones'?
Horacio: ¿Qué pasa? Terminaba de decirle que son
tipos jodidos, doble cara, triple moral, cero escrúpulos.
Verónica: (A Facundo mirándolo fijamente)
¿Vos les prometiste suspender los
despidos por ahora? (Siempre enérgica)
Facundo: ¿Tenés alguna otra idea brillante para
frenar el paro que amenazan hacer?
Verónica: Suspender a los delegados del sindicato.
Facundo: ¡Es ilegal!
Verónica: Dále con tu obsesión con la ley, qué, ¿sos
abogado ahora?
Horacio: No, Verónica, ahí Facundo está en lo
cierto. Se arma la podrida. Lo mejor es no confrontar con los delegados.
Verónica: Me importan un rábano los delegados,
después de todo son una parva de analfabetos, pero me paran un día la empresa y
esto se va al carajo: subo y le rompo la cara a patadas a Cristaldo.
Facundo: Por eso estoy negociando, para evitar la
guerra.
Verónica: ¿Vieron las cifras de hoy? (Saca un
papel) Me lo dio el contador. Estamos ahí en el borde, casi a punto de
irnos a la mierda.
Horacio: La quiebra financiera...
Verónica: ¿Y vos, papá, qué me decís? Nos pasaste
este quilombo…
Horacio: La empresa es de la familia, ustedes
también tienen que sostenerla así como yo la mantuve a flote desde que murió mi
padre sin pedir nada a nadie.
Facundo: Papá, nos dedicamos a esto día y noche.
Horacio: Ya sé, tal vez me cuesta ver que yo
también soy el problema
Verónica: Vos, no: tu cargo en el ministerio. Nadie
confía en una empresa constructora que está ligada al gobierno.
Facundo: Ni tu gobierno confía. ¿Qué pasó con esos
contratos del Ministerio de Obras Públicas que no nos iban a adjudicar?
Horacio: Otra empresa ganó la licitación
Verónica: ¿Licitación? Esos simulacros... ¿eso es
licitación para vos?
Horacio: Bueno, mi cargo no tiene nada que ver
con obras públicas.
Facundo: ¿Cuánto pedían?
Horacio: ¿De qué me hablás?
Facundo: De coima, la “comisión” para darnos las
obras…
Horacio: No es eso, nuestra empresa descuidó los
seguros de trabajo
Verónica: Facundo, eso estaba a tu cargo, ¿qué hiciste? (Furiosa)
Horacio: ¡Paren, carajo! ¿Quién puede contratar
esos seguros millonarios? Imposible para nosotros.
Verónica: O sea, seguiremos perdiendo obras, ¿nos
dedicaremos a reparar veredas?
Facundo: Hay varias ofertas de obras, pero nadie
quiere trabajar con una empresa del secretario de planificación económica.
Desconfían.
Verónica: Tendrías que renunciar de una vez, papá
Horacio: No puedo
Verónica: ¿Por qué?
Horacio: Hay una auditoría en mi oficina,
renunciar ahora sería mala señal, sería como echar sospechas sobre el trabajo
de mi equipo. Hay que esperar que terminen y entreguen los resultados…
Verónica: ¿Y vos creés que...?
Horacio: Yo no creo nada, siempre trabajamos con
transparencia, no hay quién me señale un delito, pero debo esperar. No queda
otra.
ESCENA
2
Juliana:
No me vuelvas con ese tema, por favor, Facundo.
Facundo:
Sé que no te gusta, pero necesito decirte que…
Juliana:
(Lo corta) ¡Pero no me gusta! ¿No te
parece que esas cortinas quedarían mejor con unas borlas doradas? Me encanta el
dorado, le da jerarquía a cualquier rincón.
Facundo:
No sé (absorto) hacé lo que quieras.
Juliana:
La armonía. Simple, pero complejo.
Facundo:
(Que está pensando en otra cosa) ¿Qué decías?
Juliana:
Cada cosa en su sitio exacto. Sin más pero tampoco sin menos.
Facundo:
¿Cómo?
Juliana:
La armonía, es decir la belleza.
Facundo: Mamá,
te estaba comentando algo grave, no me salgas con pelotudeces... (Muy
tenso, como si algo grave lo afectara)
Juliana: Que
tu padre es jugador ya sabía, que estamos endeudados, ya sabíamos, ¿qué novedad
creés que me trajiste?
Facundo:
Estamos al borde de la quiebra.
Juliana: Iremos
a la quiebra, ¿y qué más da? (hojea una revista de decoración)
Seguimos en el mismo rumbo.
Facundo:
¿Me hablás en serio?
Juliana:
Hijo, tranquilizáte. La vida de tu padre es una montaña rusa, hoy está arriba,
allá en la cima, mañana abajo, allá en el pozo. Siempre se repone, estos
vaivenes pasan
Facundo:
Es distinto esto
Juliana:
¿En qué? Papá tiene fortaleza…
Facundo:
¿No te importa papá?
Juliana:
Sí, la que no le importa a papá soy yo. (Como si el tema la peturbara)
Mañana viene el arquitecto a traer el presupuesto para la pileta. Papá
quedará encantado. Tiene lumbres en las esquinas, una línea de luces de color
malva. Me encanta.
Facundo:
Mamá, no te entiendo... estamos casi hundidos
Juliana:
Yo tampoco te entiendo muchas cosas y sin embargo... (Sigue con la
revista)
Facundo:
Papá está muy angustiado
Juliana:
Ya se le pasará, una noche de casino y se le van todos los males. Hice poner
grandes jarrones de terracota india a la entrada del patio. ¿Qué flores te parece que irían bien en esos búcaros?
Facundo:
No sé, poné lo que quieras.
Juliana:
¡Hortensias...! Me encantan las hortensias de color celeste.
Facundo:
(Abstraído) ¿Qué decís?
Juliana:
Un arreglo de hortensias y bambúes... quedará maravilloso, ya vas a ver.
Tendremos el mejor patio con la mejor pileta de todo el vecindario. Vi en el
Facebook la foto del jardín de Estela. Mal gusto por donde se mire... (Va
y se sirve un vaso de whisky)
Facundo:
Si hubiera un modo de...
Juliana:
(Sigue con el tema de Estela) Allá piedras, acá deks en tono
algarrobo, más allá puso césped sintético, cisnes de plástico, enanos de
jardín. Un horror de kitsh. No
entrarías. Vos con tu delicadeza, (Ríe forzadamente) te
morirías en la puerta.
Facundo:
Mamá, no te entiendo.
Juliana:
Yo tampoco entiendo a un hijo que se encierra con el 'dilecto' amigo a dormir
una siesta pero no digo nada, ¡shhhh! (Hace señas con el índice como
diciendo “silencio”) esas cosas, mejor no ventilar (Lo dice casi
susurrando).
Facundo:
¿Estás diciendo que entre Joaquín y yo?
Juliana:
No digo nada, ssshhh. Mamá está calladita. ¿Te hace feliz?
Facundo:
¿Qué cosa? ¿De qué me hablás?
Juliana:
Ahora el que no quiere hablar sos vos. (Se sirve más wisky) ¿Si
Joaquín te hace feliz?
Facundo:
Es una confusión. No tengo nada con Joaquín, somos amigos.
Juliana:
Amigos que duermen juntos... y desnudos… (Lo dice suavemente para evitar
confrontar) Los vi sin querer la otra noche, cuando bajé a tomar
algo.
Facundo:
Yo, es decir, Joaquín... (Reacciona) ¿qué tiene que ver
todo esto con la situación familiar? Papá nos transfirió la empresa pero nadie
confía en el gobierno…
Juliana: ¿Y cómo ganó las elecciones entonces?
Facundo: Una cosa es el país y otra, las empresas.
Juliana:
Ah, no sé hijo, yo no me meto en política, no quiero ensuciarme las manos,
prefiero trabajar en el jardín con la greda y el barro, que ensucian menos.
Facundo:
Genial, si todos pensásemos como vos...
Juliana:
La política es una mugre (Nerviosamente se sirve otro poco)
Facundo:
Perfecto, entrá y limpiála entonces (Acremente)
Juliana:
Límpienla ustedes, que ya están adentro (Furiosa ya)
Facundo:
Mirá mamá, nunca creí que debería explicarte algo muy simple. ¿Creés que es
fácil hacer gobierno? ¿Creés que todas son glorias y aplausos? Es muy cómodo
sentarse en el sofá y decir “yo no tengo nada que ver” lavándose las manos. Es
cobarde esa actitud.
Juliana:
Puedo ser cobarde, pero no les molesto. Déjenme vivir la belleza de la vida
manteniéndome lejos de sus porquerías, (Acremente) bastante tengo con tener que soportar
comentarios en voz baja en el club.
Facundo:
Está bien. Perdón por querer compartir mis preocupaciones con mi madre.
Juliana:
No quiero saber de problemas.
Facundo:
¡Qué poco te intereso, mamá!
Juliana:
(Se le acerca) Yo no espero nada de la familia, te puedo jurar
que di lo mejor de mí a vos y a tu hermana, ¿es poco? No tengo más. Hace tiempo
me acostumbré a no esperar nada.
Facundo:
Yo intento acercarme pero…
Juliana:
(Lo aparta) De nadie. No espero nada de nadie.
Facundo:
Te interesa más la casa…
Juliana:
La casa es un pretexto bonito para seguir viviendo este juego, costará algunos
pesos pero si no los gasto yo en este espacio que compartimos todos, papá los
liquida en el casino (Vuelve a servirse la bebida)
Facundo:
Estoy agobiado con deudas, despidos, solamente me rodea gente desesperada.
Juliana:
Ya te dije: papá y sus negocios son una montaña rusa, paciencia chiquitín. Con
paciencia se llega a la vida perfecta.
ESCENA 3
Verónica: (Gritando hacia el fondo) Ah,
si viene Lía me avisan, por favor.
Lía: No hace falta... ya estoy aquí (Llegando
por platea, Lía viste muy elegante, viene con cartera, sombrero y detalles de
buen vestir, no de vestir formal como Verónica sino de vestir sabiendo que la
elegancia es una insignia para determinar el status de la gente. Lía lo hace
con unción, eso se deja ver en la forma
escrupulosa en la que cuida el pliegue de la falda cuando se sienta, las mangas
en su sitio, se pasa las manos por el escote varias veces y no esquiva los espejos
para retocarse cada tanto, habla con un tono redondo, como si quisiera decir
suavemente pero con claridad cada palabra)
Verónica: Creí que no llegaba. Estoy a mil.
Lía: Estamos iguales, querida. El
tránsito está infernal.
Verónica: Leí un poco sobre lo que tenemos que
exponer, ¿trajiste el power point?
Lía: Sí, lo tengo en la netbook
Verónica: Era relacionar las medidas del gobierno de
Rivadavia con las políticas liberales de los '90
Lía: Sí, bastante claro el tema. Un
salto de 1820 a 1993
Verónica: ¿Le dijiste a Juan Pablo que nos diera una
mano?
Lía: Sí, está viniendo, me envió un
mensaje hace un rato
Verónica: La verdad, con todo el trabajo que tengo,
exponer para esa convención me da por el orto.
Lía: Ay, amor, es un momento solamente
y una gran ayuda para nuestra fundación…
Verónica: Me pone tarada esto de hablar en público,
siempre me altera...
Lía: Primero que yo estoy ahí para
desarrollar con vos, segundo, con el power eso es una pavada, (Minimizando
todo) es leer y rellenar conceptos nada más.
Verónica: Igual, me pongo nerviosa, como si todos
estuvieran esperando que diga alguna estupidez para reírse de mí. No sé, tengo
esa sensación.
Lía: Bah, cosas de tu cabeza... no
tiene nada que ver.
Verónica: Prendé el power (Acá vendrá un
efecto con las luces, un fuerte haz desde platea como si se estuviese
proyectando realmente un power point recortando un rectángulo contra la figura
de Verónica que repasará mirando con dificultad) Gobierno de Bernardino
Rivadavia, 1820-1821, ¿un año solo?
Lía: Sí, a mí también me parecía que
fue más largo...
Verónica: Ley de Enfiteusis... eso era el
arrendamiento para explotación de terrenos
públicos, ¿no es así?
Lía: Exacto... las tierras sin
cultivo no le servían a nadie, con la explotación ganadera o plantaciones, ganaba
el Estado y el arrendatario después de 10 años tenía derecho a quedarse con las
parcelas.
Verónica: Fundó la Universidad de Buenos Aires.
Lía: ¡Esos eran liberales! (Festeja)
Comparando, en los '90 la quisieron cerrar.
Verónica: Creación de la Bolsa de Comercio
Lía: Bueno, en realidad fue el Banco
de Descuentos que facilitaba un capital inicial para desarrollar empresas.
Verónica: Ley de sufragio universal (Siempre
tratando de leer porque la luz la ciega, hace viseras con las manos
continuamente).
Lía: Todo hombre de 20 años en adelante
en el País tenía derecho automático a votar en elecciones libres para designar
autoridades.
Verónica: ¿Y cómo vinculamos esto con la democracia
de los '90? El voto seguía siendo universal y secreto.
Lía: Sí, pero con un aparato
mediático que en 1820 no existía ni en la imaginación. Solamente pensemos en el
cambio que significa la TV para la propaganda política.
Verónica: El que se asocia con los medios, usa de
ese aparato feroz que decide por todos.
Lía: Aplasta cualquier intención. La
mayoría virtual, y se fue al carajo la libertad de decidir…
(Entra
Juan Pablo, muy bien vestido pero sin saco, con camisa fina, gemelos, corbata
con broche, se muestra como un animal que ha llegado a su coto de caza y nada
teme)
Juan
Pablo: ¡No se van a tirar contra las
corporaciones en esa intervención que tienen, eh!
Verónica: Hola, ¿cómo estás compadre para afilar el
tema Rivadavia?
Lía: Buenas tardes, amor
Juan
Pablo: Mejor pasen por alto esto del
sufragio universal, (Un poco cínico) a nadie le importa en el
fondo...
Verónica: Ahora viene el empréstito de la Baring
Brothers, ahí la pifió, empezó la cadena de las deudas eternas...
Juan
Pablo: ¿Así vas a presentar? ¿Vos sabés
lo que van a decir de la brillante empresaria que piensa como una obrera del
sindicato de amas de casa? (La luz del power los encandila, lo que hace
que esta observación resulte doblemente molesta)
Lía: Digamos que se contrajo esa
deuda de...
Verónica: Un millón de libras esterlinas, ¡un vagón
de guita!
Juan
Pablo: ¿Con qué desarrollás un país que
viene de una guerra desastrosa con Brasil? ¿Con buenas intenciones? ¿Con
bendiciones?
Verónica: ¡Pero estás hipotecando el futuro!, puso
como garantía bienes, tierras y rentas del Estado de Buenos Aires...
Lía: Digamos que depositó como
prendas los valores nominales
Verónica: No entiendo...
Lía: Dios también nos da la vida,
que es un valor nominal, la vida no se ve, (Hace señas como tomando una
burbuja de aire y la aplasta) pero es lo que nos da para administrarla
en esta Tierra...
Verónica: Esto es otra cosa, era liquidar todos los
bienes a un banco extranjero.
Juan
Pablo: ¿Y ustedes, para evitar la quiebra
de su empresa, acaso no necesitan endeudarse?
Verónica: ¡No estoy vendiendo mi futuro!
Juan
Pablo: ¿Estás segura? Todos nos vendemos
un poco día a día. No hay otro modo de sobrevivir. Las deudas son necesarias
para crecer.
Lía: Podrías ser más discreto, amor.
Esas formas brutales... (Explicándoselo a Verónica) Endeudarse
es poner un poco de uno en el futuro. Los bancos no prestan dinero, venden
tiempo y la garantía somos nosotros en ese futuro que nos alquilan.
Juan
Pablo: Las deudas se llaman deudas, los
créditos son adelantos que te hace la banca para permitir que te recuperes de
un traspié. Pero siempre pide algo a cambio.
Verónica: Y lo que pide a cambio es lo más valioso
de cada cual (Todo debe ser en tono de discusión enérgica)
Juan
Pablo: Justamente eso es una prenda: algo que necesitamos recuperar con
desesperación. ¿O creés que te aceptarán tus mascotas como empeño? No, si
pueden exigirte a vos misma. Son las leyes del capital. Las tomas o las dejas.
ESCENA
4
Juliana: Lía sí que es una mujer espléndida,
siempre elegante y con esos modales de una dama de verdad. Hacen una buena
pareja con Juan Pablo, él es tan decidido, tan enérgico. Si tuvieras que ser
como alguien, me gustaría que fueses como Juan Pablo
Facundo: Yo no, gracias, prefiero ser yo.
Juliana: Ese empuje, no se detiene ante nada, atropella
cualquier obstáculo y siempre está sonriendo... me gustaría verte así
Facundo: Olvidáte, mamá. Yo no soy perfecto. Estoy
lejos de eso...
Juliana:
¿Por qué? Uno está donde se propone.
Facundo:
Una está donde la dejaron la última vez.
Juliana:
¡Te falta confianza en vos mismo! ¿Quién te ordenó quedarte donde te dejaron?
Deberías…
Facundo:
…Ojalá todo fuese cuestión de confianza.
Juliana: ¿Hay otra cosa más que la fe en uno
mismo?
Facundo:
Parecés un manual de auto ayuda mamá.
Juliana:
La voluntad mueve el mundo, así lo hizo Dios.
Facundo:
¿Qué hizo ese Señor?
Juliana:
Hizo que todo girara alrededor de la voluntad humana
Facundo:
¡Con razón quedó todo estropeado!
Verónica:
(Llegando) personas
estropeadas, ¿no, Facundo?
Juliana:
(Se escuchan ruidos de latas) Uy, casi olvidé que vienen los
pintores, me voy, si una no está vigilando son capaces de dejar un desastre.
Facundo:
(Cuando quedan solos) ¿Conseguiste ese dinero que te pedí, para
esos gastos míos, personales?
Verónica:
No. Hoy le voy a pedir a Lía que me lo preste.
Facundo:
Por favor no te olvides, te voy a agradecer mucho… (Verónica le tapa la
boca suavemente)
Verónica:
No, no hace falta, ya sé que tus cuentas están en rojo.
Facundo:
Rojo vivo.
(Suena
el celular de Facundo, éste atiende y responde visiblemente molesto tratando de
ocultar a su hermana el mensaje)
Facundo: Hable. Bueno, yo... ya avisé... voy a
pagar cuanto antes… No, no estoy ganando tiempo, ya me dijeron eso, no hace
falta estar amenazando, siempre les pagué... ¡Tuve un contratiempo! Hay... hay
gente que me debe el doble... ¡Voy a pagar cuanto antes! Dígale a Maidana que
ya sé las consecuencias.
Verónica: Rojo vivo...
Facundo: Sí, es decir, no, es...porque...
Verónica: Te están apretando con el pago de drogas, ¿verdad?
Facundo: No. Quiero decir, en parte (Muy
molesto)
Verónica: No te hagas el misterioso conmigo, che.
Facundo:
Es mucho dinero. Papá está…estamos cubiertos de deudas. Hice todo lo posible,
sabés que hace meses casi ni aparezco por la casa, estuve trabajando en forma
desesperada para pagar todo pero no hay caso.
Verónica: ¿Tánto debés? Pero, ¿qué hacés? ¿Te
enmercás todo el día, loco?
Facundo: Mucha presión con todo esto de la
empresa...
Verónica: (Imitándolo) “mucha
presión”... ¿ves que papá tiene razón? Sos un marica que no tiene el menor
temple. ¿No te da asco?
Facundo: Yo no me meto con tus amoríos baratos
Verónica: No me importa tu puterío, por mí podés
vivir en un sauna, lo que te estoy diciendo es que te faltan agallas, por
cualquier cosa te tirás a la lona a llorar y drogarte como un boludo.
Facundo: ¿Por qué me humillan?
Verónica: Vos te humillás, miráte al espejo, ¿qué
sos? Un infeliz que corre a los brazos de mamá al menor rasguño… ¡No podés ser
tan pelotudo, Facundo!
Facundo: ¿Qué más te falta decirme? ¿Eh?
Verónica: Que no servís ni para vos mismo...
Facundo: ¿Y vos, por qué no te fijás a quién tenés
a tu lado?
Verónica: Yo sé con quién me arreglo y eso no te
importa.
Facundo: Creés que con ese amante vas a llegar
lejos
Verónica: Llego donde llego
Facundo: Con el novio de tu amiga...
Verónica: Es todo una pantalla, Juan Pablo me quiere
a mí.
Facundo: (Se ríe) Te estás engañando,
hermanita.
Verónica: ¿Lía?, es una muñeca frígida, él goza de
verdad conmigo…
Facundo: Vos sos la verdadera pantalla
Verónica: ¿Pantalla de qué?
Facundo: Del interés de tu príncipe
Verónica: Juan Pablo me hace sentir mujer, no es mi
gran amor, ¿por qué debería sospechar?
Facundo: Porque te miente (Verónica le da
una cachetada)
Verónica: La envidia, te muerde la envidia…
Facundo: Investigá, abrí los ojos, y vas a ver qué
es lo que busca tu galán...
Verónica: Me querés envenenar la vida: típico de
maricas, lo que no pueden tener, lo destruyen.
Facundo: Cuando tu egoísmo deje de cegarte vas a
ver bien claro
Verónica: Andá al carajo, puto de mierda.
ESCENA
5
(Entra
Horacio Ibañez, de traje y corbata, los que se va sacando lentamente mientras
conversa con Juan Pablo y van preparando una mesa para jugar pocker, casi
maquinalmente como si lo hicieran a diario. Horacio es uno de esos hombres de
apariencia muy formal, que tiene un tic: continuamente estira el cuello y la
mandíbula cuando dice cosas importantes como si le molestara una ropa
invisible. Queda en camisa, como Juan Pablo, ambos se sientan, y se calzan esas
viseras que usan los jugadores para evitar que la luz cenital -que será muy
brillante- los enceguezca)
Juan
Pablo: ¿Cómo estás, viejo? ¿Qué se cuenta
por ahí? (Baraja el mazo)
Horacio: Mucho quilombo por todos lados, la
oficina es un revuelo.
(Al
entrar Horacio, con él entran las tres
mujeres con máscaras blancas. Cuando los hombres se sientan para la partida de
pocker, ellas se sientan de cuclillas u otra forma a los pies de Horacio y Juan
Pablo jugando con un huso (invisible) al que devanan hebras (invisible) que
sacan de un vellón mientras la tercera juega con una tijera (invisible) recortando el aire de cuando en cuando. Las
acotaciones de las damas deben ser rápidas, dichas como si estuviesen corriendo
de algo o alguien para oponer a la conversación en ritmo normal de ambos
amigos)
Juan
Pablo: ¿Por qué tanto alboroto, che?
Horacio: ¡Esa auditoría de mierda que no termina
de una vez!
Juan
Pablo: ¿Sabés quién está asustado? (Se
ríe) ¿Cortás vos el mazo?
Horacio: No, ¿quién está asustado? (repartiendo
las barajas)
Juan
Pablo: García Méndez, ¿te acordás? El que
se fue comisionado.
VERÓNICA:
García, el que fue comisionado...
Horacio: (Como distraído) ¿Ah, sí?
¿Y por qué el susto?
Juan
Pablo: No quiere quedar pegado y dice que
la cosa está fulera
Horacio: Escalera de color, je je. Todo está como
embarrado, no se puede tirar para adelante
JULIANA: Embarrado, no se puede tirar para
avanzar...
Juan
Pablo: Ni recular. Dáme otra. ¿Y vos,
che, con tu secretaría?
LÍA: Ni
recular, ni detenerse....
Horacio: La oficina parece tranquila, pero esa
comisión que mandaron no deja de revolver papeles. Ayer estuvieron poniendo
lupa en el balance del año pasado.
Juan
Pablo: Full de nuevo (Extiende las
cartas) Cuando revisan, te sacan las cuentas desde el día en que
naciste.
Horacio: Estoy abrumado, realmente.
VERÓNICA: Está angustiado
Juan
Pablo: ¿Qué, tenés alguna cuenta turbia?
JULIANA: ¿Deudas, mi amigo, deudas?
Horacio: Estoy endeudado hasta la manija por ser
correcto, ¿y me preguntás si anduve haciendo arreglos por izquierda?
Juan
Pablo: A veces pienso que no abriste los
ojos. Caminás como ciego en un mundo turbio, el ministerio no es una abadía de
monjitas, che.
LÍA: No
es la abadía de monjitas...
Horacio: Qué vas a hacer, viejo… uno empezó esa
carrera en la administración y sin darse cuenta cada vez está más y más metido
en la zanja.
Juan
Pablo: Hay formas de ganar lo que
necesitás para salvar tu empresa
VERÓNICA: Hay que ganar para salvarse
Horacio: ¿Hablaste con Verónica? Esa chica es de
hierro...
Juan
Pablo: Algo de eso... la piba da
manotazos pero no puede.
JULIANA: No puede, intenta pero no puede…
Horacio: Y yo no... no sé cómo ayudar. Escalera
real.
LÍA:
No
sabe ayudar, no sabe ayudarse.
Juan
Pablo: Simple: ganar de un golpe todo lo
que debés...
Horacio: Se dice fácil...
VERÓNICA: Ganar... Escalera real...
Juan
Pablo: …Sin ensuciarte las manos, ya ves,
con la auditoría revisan hasta las servilletas que usaste.
JULIANA: ...de un golpe...Escalera real
Horacio: Sí, es la inquisición.
LÍA: ...todo lo que se perdió.
Juan
Pablo: No hay necesidad de meter la mano en
la lata
Horacio: Y, no. Yo estoy limpio, jamás robé nada
VERÓNICA: ¿Estás seguro?
Juan
Pablo: Pero te controlan, te mandan un
batallón de abogados y contadores, ¿sabés por qué?
JULIANA:
Nadie está limpio
Horacio: ¡Será la rutina!
Juan
Pablo: Te ven débil. Saben que estás
hundiéndote y te quieren dar el golpe de gracia.
LÍA: El golpe final...
Horacio: ¡Pero no puede ser! El ministro es mi
amigo.
VERÓNICA: El golpe de gracia
Juan
Pablo: ¿Ah, sí? ¿Y quién firmó la
comisión de esa auditoría?
Horacio: ¿Fué Bernal?
JULIANA: Nadie está limpio
Juan
Pablo: ¿Quién otro? Cambiá de juego, viejo.
Sé que te gusta verte como un tipo correcto, derecho, simpático y que quiere a
todo el mundo, pero parece que no todo el mundo te quiere.
LÍA: No te quieren. No te quieren.
Horacio: Tengo principios
Juan
Pablo: Vos manejás datos vitales: estás
al tanto de la cantidad de emisión, conocés el movimiento de las reservas del
Central, chistás un dedo y te traen las variaciones de las tasas de interés y
las proyecciones para el trimestre.
Horacio: Es mi trabajo. Normal.
VERÓNICA: Una cosa es el trabajo
Juan
Pablo: Es información. Valiosa para mucha
gente.
JULIANA: Otra cosa es la conciencia
Horacio: ¿Me estás instigando a pasar datos a los especuladores?
Juan
Pablo: Especuladores, ladrones, ya vamos
poniéndole nombres policiales.
LÍA: Otra cosa es el deseo
Horacio: ¿Y cómo querés que los llame?
VERÓNICA: ¿Cómo se los puede llamar?
Juan
Pablo: ¿No pensaste que esas grandes
empresas necesitan sacar activos afuera para los tiempos de vacas flacas? ¿De
dónde creés que viene de nuevo la guita cuando acá estamos ahorcados? ¡De
afuera, de los que ahorraron afuera para que no los confisquen adentro!
JULIANA: ¿Acomodarse a la realidad?
Horacio: No me vendo al mejor postor.
LÍA: No se vende, no se vende
Juan
Pablo: Principista, parecés un quáquero,
che. Solamente se trata de advertir
Horacio: Hay un solo modo de ser honesto.
VERÓNICA: Hay un modo de ser delincuente también
Juan
Pablo: Mirá lo que es un amigo, escuchá
bien lo que te digo.
Horacio: Estás perdiendo la jugada
JULIANA: Ojo con perder la jugada...
Juan
Pablo: Para que ganes vos... ni siquiera
es necesario que vos te metas, yo te puedo ayudar.
LÍA: ...Se te va el alma en ello
Horacio: ¿Cómo? A mí no me ayuda ni Dios...
VERÓNICA: ¿Dios? ¿Dónde estará?
Juan
Pablo: Yo hago los contactos, yo
gestiono, una vez al día vos me pasás los datos y ni te enterás adónde van a
parar.
Horacio: Un ciego que roba, sigue siendo un
ladrón.
JULIANA: Por acá no está Dios
Juan
Pablo: ¡No estás robándole a nadie! No
seas gil...
LÍA: (Fingiendo buscar entre sus
ropas) Por acá tampoco está Dios
Horacio: ¿No? ¿Y la gente que trabaja y ve que el
sueldo se les licúa en la mano por la inflación?
Juan
Pablo: No seas ingenuo, ¿vas a creer que
tres empresas que mandan guita afuera para salvarse son causa de todos los
males financieros?
Horacio: Viejo, esto me pone mal. Me da la
impresión de que te estás aprovechando de mi debilidad. No te confundas. (Se
refrena) Mirá, perdonáme, soy un boludo. ¡Desconfiar de vos!
VERÓNICA:
¿No estará en la conciencia, Dios?
JULIANA: En la conciencia (Se van retirando) en la
conciencia…
LÍA: En
la conciencia, en la conciencia (Como un canon de fondo mientras se
retiran diciendo esto los hombres siguen hablando con más fuerza)
Juan
Pablo: No te hagas mala sangre, te
entiendo
Horacio: ¡Qué sé yo! Siempre anduve por derecha,
vos me conocés, qué se yo, tal vez es una racha, la suerte, la fortuna que da
vueltas
Juan
Pablo: No, ¡qué destino ni que ocho
cuartos!
Horacio: No puedo ayudar a mis hijos y es lo
único que quiero hacer
Juan
Pablo: No quiero verte en la lona. Un
hombre arruinado es el árbol caído. Y del árbol caído todos hacen leña.
Horacio: De esa forma, no.
Juan
Pablo: Solamente quiero salvarte. Cuesta
tan poco....
Horacio: Torcer el destino…
(Se
escucha desde el fondo, ya no se las ve, las tres voces de:)
VERÓNICA: Nooo Con el destino no se juega
JULIANA: No, el destino no.
LÍA: Nadie tuerce el destino.
ESCENA 6
(Aparece
Facundo hablando con un teléfono celular caminando con él. Recorre todo un
trayecto que en algún momento esquiva al grupo de los jugadores que siguen sus
jugadas en silencio mientras las damas desaparecen)
Facundo: Sí, le avisé, quise hablar con mamá
también, ¿me podés atender cuando hablamos, Joaquín? Escucho ruidos ahí, ¿con
quién estás? No loco, no te persigo pero cuando hablamos quiero que me
escuches. ¿Es mucho pedir? ¡Te dije que
estoy bajo esa amenaza!, bueno no, no sé si es una amenaza... mejor es hablar
de extorsión, eso, extorsión queda mejor.
(Aparece
Verónica hablando por celular, haciendo un trayecto similar aunque inverso al
de su hermano)
Verónica: Pará, pará que no es así, Juan Pablo. Yo
no te amenacé, solamente te dije que necesito esa guita y quedáte tranquilo que
no le voy a decir nada a Lía.
Facundo: Ya te dije que sí, que nos vimos algunas
veces con ese tipo. Ya te dije.
Verónica: No, para nada, lo que pasó entre vos y yo
quedó entre cuatro paredes. No uso el sexo para conseguir bienes y servicios,
che. ¿Por quién me tomás?
Facundo: ¡Sexo, claro! Pero solamente eso, sexo a
cambio de una ayuda, yo necesitaba, estaba desesperado, él me podía ayudar, no
te engañé, fueron tres o cuatro veces nada más y por guita.
Verónica: ¿Te pensás que soy una trola? (Ríe haciendo
señas como si tuviese al interlocutor enfrente) No uso mi cuerpo
como una trampa. La pasamos bien los dos y ahí terminó la historia. ¿O no?
Facundo: Tuve algunos encuentros con él,
encuentros íntimos, ¡no, lejos, en un hotel, no quiero contarte más detalles,
esto es humillante pero no quería dejarte de lado, ¿Me vas a disculpar esto
alguna vez?
Verónica: Necesito ese dinero ahora. Tengo una deuda
mía urgente.
Facundo: ¿Te enojaste? Era sexo nada más, ni
siquiera eso porque me daba...asco. Me siento vacío y muy solo, Joaquín. ¿Sabés
lo que va a pasar si llamamos a convocatoria? ¿Sabés cuánta gente se queda en
la calle sin trabajo? Yo mismo...
Verónica: Por eso te dije urgente, Juan Pablo, no
puedo esperar nada.
Facundo: ¿Entendés?, me hizo activar el GPS del
teléfono para saber dónde estoy en cada momento, me siento vigilado. Así, no
quiero vivir. Así, no.
Verónica: ¿Cómo le voy a pedir a papá? Está difícil
acá... ¿acaso no sabés?
Facundo: La deuda es como un martillo, viejo. No
deja de dar golpes. Me despierto de madrugada transpirado, pensando en deudas
Verónica: ¿No me enseñaste que las deudas son
necesarias, a veces?
Facundo: Él se llama Juan Pablo, es amigo de papá
Verónica: Papá no sabe nada de esto, Juan Pablo.
Papá es tu amigo.
(Desaparecen
cada uno por su lado)
ESCENA
7
(Queda
la escena a oscuras salvo un punto en donde Horacio con ropa de gimnasia y
toalla al cuello camina como si estuviese en una cinta de gimnasia mientras
Juliana recorta gajos de una maceta)
Horacio: ¿Alguna vez hiciste algo ilegal?
Juliana: No. No recuerdo al menos...
Horacio: ¿Harías algo inmoral por mí?
Juliana: ¿Qué me estás diciendo?
Horacio: Divago, hay algo en lo que no puedo ver
claro y me gustaría saber tu opinión.
Juliana: Mi opinión no sale del jardín, querido.
No entiendo otra cosa. Hice poner una glorieta con herrajes...
Horacio: Solamente te pediría que te pusieras un
momento en mi lugar para ver si estoy por obrar bien.
Juliana: Después voy a colgarle glicinas, ahí
vamos a tomar mates por las tardes
Horacio: ¿Está mal pasar datos económicos a las
empresas?
Juliana: (Firme) ¡Por favor! Hacé
de cuenta que no escuché nada.
Horacio: Entiendo, perdón.
Juliana: ¿Cómo quedaría la pared pintada en
terracota?
Horacio: Bien, es un color cálido, ¿no? Agregále
malvones, me gustan los malvones rojos, uno los toca y dejan un olor a
limpio...
ESCENA 8
(Se
apaga la luz bruscamente y aparece Juan Pablo con Facundo, la escena tendrá
buenos efectos de luces para destacar el torso de Facundo que lo lleva sin
camisa, como si justamente se estuviese vistiendo para salir mientras lo ronda
Juan Pablo y esto debe ser insistente y molesto, esta ronda)
Juan
Pablo: Depende de quién te usa, pendejo
Facundo: Nadie me usa
Juan
Pablo: ¿Joaquín?...
Facundo: ¿De dónde sacaste eso?
Juan
Pablo: En el ministerio se sabe todo...
Facundo: Joaquín (Titubea) me ayudó con
esos embargos; pudo frenar la ejecución judicial, sin eso tendríamos que
declarar la convocatoria.
Juan
Pablo: ¿Te ayudó, che?
Facundo: Sí, nos dio tiempo, Solamente necesitamos
tiempo...
Juan
Pablo: ¿Y el en motel “Jardines de
Babilonia” te venden tiempo?
Facundo: (Consternado) ¿Me hiciste
seguir?
Juan
Pablo: Cuido lo que es mío
Facundo: ¡Pero esto es un asco!
Juan
Pablo: Será, pero no te vas a librar de
mí así porque sí.
Facundo: Dejáme en paz
Juan
Pablo: Tarde para eso, la paz tiene
precio
Facundo: Ya pagué bastante, eh…
Juan
Pablo: Una parte, pero falta el resto de
lo que me debés, la paz es cara, mi tierno amigo.
Facundo: Esto es miserable... me da asco
Juan
Pablo: ¿Tan repulsivo soy? En la cama
gozabas de lo lindo
Facundo: Estaba borracho
Juan
Pablo: Tremenda gozadera, pendejo. (Alza
los brazos) Al cielo te subiste varias veces, ¿Ya te olvidaste?
Facundo: Quiero olvidarme... ¿qué querés al final?
¿A mí, a mi hermana, a Lía?
Juan
Pablo: Yo sé lo que quiero…
Facundo: Todo, querés acaparar todo, pero yo no...
Juan
Pablo: Yo no suelto así nomás lo que es
mío.
Facundo: Te podés ir a la mierda, yo no soy de
nadie
Juan
Pablo: (Reacciona con furia, lo toma
del brazo, lo sacude) Entonces es cierto lo de Joaquín, ¿y qué le viste
a ese, che?
Facundo: Dejáme en paz
Juan
Pablo: Ya te dije que esa paz tiene
precio, tenés que devolverme todo, hasta el último centavo si querés quedar
libre. (Lo mira fijamente)
Facundo: Claro que necesito quedar libre, te voy a
pagar
Juan
Pablo: ¿La tiene más grande que la mía,
che? (Se soba la bragueta)
Facundo: Sos de lo peor.
Juan
Pablo: Soy lo que tenés.
Facundo: Tu codicia es lo que tengo. Querés tener
todo y no tenés nada.
ESCENA 9
Horacio: (Se encuentra con Lía que está
sentada frente a un foco de luz que semeja una ventana) ¿Qué tal? No sabía que estaba aquí.
Lía: Esperaba a Verónica.
Horacio: ¿Cómo va ese tema de la exposición?
Lía: Bien, creo. El tema de Rivadavia
es relativamente fácil pero vincularlo con los '90, tiene sus dificultades,
depende de qué ideología tenga el análisis.
Horacio: Tengo entendido que es una reunión de
empresarios, ¿no?
Lía: Así es. Estudios de
arquitectura y financistas.
Horacio: Alto nivel liberal.
Lía: Ni más ni menos. Hay que andar
con pies de plomo.
Horacio: Son muy quisquillosos, como todos los
que saben que obran mal.
Lía: ¿Cómo?
Horacio: (Siguiendo el hilo de sus ideas)
¿Alguna vez pensaste que el Infierno ha de ser un sitio lleno de sospechas?
¿Quién confiaría en quién? Todos se saben forajidos...
Lía: No sabía que tenía
apreciaciones religiosas
Horacio: Sentido común nada más.
(En
otro nivel, Facundo ya aparece vestido y se encuentra con Verónica. Estas dos
escenas deben cruzarse como si fuesen casi simultáneas)
Verónica:
¿Por qué no renuncia de una vez?
Facundo:
Tiene que esperar que termine la auditoría.
Verónica:
¿En el casino?
Facundo:
La única válvula de escape que tiene.
Verónica:
¿Apostar? Eso es perder tiempo.
Facundo:
La fantasía de ganar todo y salvarnos de la bancarrota.
Verónica: Hay que trabajar para eso.
Facundo: La emoción... ¿de qué sirve una vida sin
emociones?
Verónica: ¿Con la empresa que se viene al piso no te
alcanzan las emociones?
Facundo: Sé lo que es eso. Es como una borrachera,
se siente por un momento que todo el poder está en esas fichas que se apuestan,
ahí está el bien y el mal, la gloria y
la derrota, todo junto.
Verónica: ¡Otra vez con tus mariconadas! ¿No te
basta con acostarte con un chabón? ¿Le tenés que poner romanticismo y música de
violines también?
Facundo: Siento lo mismo cuando me corto la piel
Verónica: ¿Cómo? ¿Qué estás diciendo? (Lo
sacude, él está como hipnotizado)
Facundo:
Salgo de esa muerte de todos los días con la emoción de sentir que tengo un
cuerpo (Lo dice casi inmóvil, aunque Verónica insista sacudiéndolo) y está vivo. (Como despertando) El
dolor me recuerda que estoy vivo. Y sin embargo, son juguetes.
Verónica: ¿Qué juguetes?
Facundo: Las fichas del casino, los cospeles de
plástico, ¿acaso sirven de algo fuera del casino?
Verónica: No sé, qué sé yo, creo que son para el
canje solamente.
Facundo: Pero ahí adentro, entre el humo y las
penumbras, se convierten en lo único que tiene sentido para él. (Como si despertara)
¡Es muy fuerte!
Verónica: ¿Querés emociones fuertes? ¿Por qué no te
ocupás de hablar como hombre con los del sindicato? Paráme esa huelga o el
banco nos cierra las cuentas.
(Siguen
Lía y Horacio, ella observa fijamente algo en dirección a la luz de la ventana)
Horacio: ¿Qué está mirando?
Lía: ¿Ve ahí, ése nido en la rama?
Horacio: A ver, ¿allá?, mirá vos... nunca me
había fijado.
Lía: ¿Le parece que esa rama puede
resistir una tormenta?
Horacio: No sé, no me preocupan mucho los pájaros
Lía: Pueden ser grandes maestros de
la vida
Horacio: ¿Esos pájaros? Ni siquiera sé qué son...
Lía: Zorzales... cantan para siempre
y hacen un nido frágil
Horacio: No sé, puede ser, pero ¿qué importancia
tiene?
Lía: La naturaleza es una sola, lo
que les pasa a los zorzales nos pasa a los humanos, a las plantas, a todo.
Horacio: ¿Y qué nos pasa a nosotros?
Lía: La tormenta
Horacio: ¿Qué tormenta? (Siguiéndole el
juego) ¿La de adentro o la de afuera?
Lía: El nido tiene crías, si viniera
una tormenta esa rama débil se rompe…
Horacio: ¿Y qué les pasa?
Lía: Se mueren, caen, los pisan o
los devoran los gatos
Horacio: ¿Y eso nos enseñan esos bichos? ¿A
morir?
Lía: No. Nos enseñan a cantar aunque
la rama sea frágil. (Como si despertara de un ensueño) Perdóneme,
a veces me distraigo.
ESCENA 10
Juan
Pablo: Ya está, decile a tu padre que
hice todos los contactos
Facundo: ¿De qué me hablás?
Juan
Pablo: (Muy sobrador y
merodeándolo) Vos le decís eso, él ya va a entender...
Facundo: Viniendo de vos...
Juan
Pablo: ¿Qué decís, pibe? Estoy salvando a
tu padre de la quiebra, te estoy salvando a vos ¿y me venís con ironías?
Facundo: Yo no te pedí nada
Juan
Pablo: Bueno, decíle a tu Joaquín
entonces que te ayude, che.
Facundo: Joaquín es un amigo... ¿qué vas a
entender de amistades si todo embarrás con sexo? ¿Creés que vas a manejar a la
gente con eso?
Juan
Pablo: La gente no me interesa, me
importás vos
Facundo: A mí, no...
Juan
Pablo: ¿Así me agradecés? Trato de salvar
a toda tu familia de la ruina y...
Facundo: No te engañes. Vos no salvás a nadie
gratis.
Juan
Pablo: ¿Tan importante te creés? ¿Qué
sos? Un pobre muchacho hundido en las drogas.
Facundo: Pero me necesitás
Juan
Pablo: Mirá pibe, yo hago así (Chista
los dedos) y consigo diez pendejos mucho mejores que vos. Y acordáte de
mi plata, che. Cortante y amenazando) Res non verba. Sesenta mil
dólares.
Facundo: Me necesitás… más que a tus dólares..(Desafiante)
ESCENA 11
Horacio: (Entra
hablando solo con un libro abierto que parece venir leyendo) <<¿Eres
asesino? Sí señor, soy uno de esos seres a los que golpes y más golpes y el
azar del mundo exasperaron de tal modo que haría lo que fuese por vengarme del
mundo. Y esa venganza me azuza para matar. Cansado de miserias arriesgaría mi
vida a cualquier precio con tal de mejorarla o librarme de ella como una carga
molesta>> ¿Qué tendrá allá en las profundidades el espíritu humano que es
capaz de albergar el pensamiento más sublime al lado de los actos más atroces?
Verónica: (Entra y
se queda esperando intrigada por lo que ve en su padre) ¿Hablabas solo,
papá?
Horacio: Leía, las
viejas palabras del viejo Shakespeare... decime, Verónica, ¿qué harías si te
ofrecieran salvar la empresa con dinero sucio?
Verónica: Siempre elijo el
mal menor, dicen que Dios hace lo mismo. De manera que soy cristiana, je je...
Horacio: ¿Y cuál es el
mal menor?
Verónica: La limpieza
del dinero, pa. Necesitamos pagar esas deudas lo antes posible, como sea. El
mal mayor es quebrar la empresa.
Horacio: ¿Por qué?
¿Cómo diferenciás uno de otro?
Verónica: Detrás de toda
fortuna hay algún crimen, ¿o no? En esta urgencia, la procedencia del dinero no
me preocupa, pero si declaramos la quiebra, si el banco se nos adelanta y hace
convocatoria de acreedores, se viene el mundo abajo para todos, empleados y
patrones. Y hasta los pelotudos de los sindicalistas (Enérgicamente con
odio) se tendrán que meter sus carteles en el orto.
Horacio: ¿Venderías
información confidencial por ejemplo?
Verónica: Me vendería
yo, si tuviese comprador papá. ¿Por qué me preguntás?
Horacio: Yo me
entiendo, bastante carga mi conciencia para pasarte el fardo.
ESCENA 12
Juliana: (Que
está reparando un artículo de madera, como si fuese un taburete, con sombrero
de paja y una luz muy fuerte cenital como si estuviese al sol, cuando ve llegar
a Lía) Ah, querida, pasá. (Se disculpa, se saca el guante rústico
y le pasa la mano) No me di cuenta, ¿llegaste recién?
Lía: No se
preocupe señora, espero un momento a Verónica, me avisó que está llegando.
Juliana: Mi pobre
hija está... la veo muy afligida, es joven y ya piensa en negocios y manejos;
discute con los gremialistas de la empresa como si fuese un varón…
Lía: Se sabe
plantar cuando tiene razón, señora, y todas deberíamos imitarla
Juliana: ¿Te parece? (Lo
dice con duda verdadera) Yo creo al revés, que ella debería imitar tu
estilo. Me encanta tu sentido de la elegancia, en el vestir y en los modos.
Lía: Señora,
me va a hacer poner colorada.
Juliana: Está a la
vista, genio y figura, hasta la sepultura, diría el poeta. ¿Sos feliz? (Lo
dice sorpresivamente, siempre mientras repara su madera. Lía queda sorprendida
un momento)
Lía: ¿Feliz?
No sé, hay momentos que sí, pero trato de estar en paz siempre
Juliana: ¿Cómo hacés?
Yo lo vengo intentando hace 40 años y cuando expulso los demonios por la
puerta, vuelven por la ventana.
Lía: Amo a un
solo hombre, me llevo bien con mis familiares, no tengo conflictos en el
trabajo...
Juliana: La paz no es
simplemente la falta de guerra. No sé, divago, disculpáme…
Lía: ¿Qué
desea señora? (Lo dice con firmeza, mirándola fijamente)
Juliana: Yo ya no
tengo grandes deseos
Lía: Entonces
ya está en paz.
Juliana: Siempre admiré tu aplomo, querida
Lía: No soy yo, es mi fe la que me
da alegría y paz
Juliana: Qué lindo es tener fe, da confianza
Lía: Dios está para eso, para dar
fuerzas a sus criaturas
Juliana: Debe ser… (Se le nota la duda)
Lía: ¿Usted no cree, Juliana?
Juliana: No sé, tal vez en el fondo siga
creyendo a pesar de lo que me enseñaron
Lía: ¿Cómo? ¿No le enseñaron a
creer?
Juliana: También me enseñaron a descreer... pero
ya no me preocupo por eso, las cuestiones del más allá no me incumben, yo sé
que estoy más acá. Éste es mi mundo (Abre los brazos señalando su casa)
y ése es mi jardín del Edén.
ESCENA
13
(Música
de Shubert, se ve a Juan Pablo colocando dinero en un sobre de papel madera, lo
cierra y se pone un saco para salir, luego pone el sobre bajo el brazo,
mientras hace todo esto siguen conversando en su sitio Lía y Juliana)
Lía: Yo también creía eso, hasta que…
(Le
cuesta decirlo)
Juliana: Hasta que...
Lía: Mamá se me murió en mis brazos.
Cáncer. Dolor, pedía a gritos que le calmaran esa tortura, me quedó grabado a
fuego, ella nunca hizo daño a nadie
Juliana: (Se le acerca) Pobrecita...
Lía: El día que murió se terminó ese
pequeño mundo de mi casa. Y busqué desesperadamente algo afuera. Y afuera
estaba Dios
Juliana: Sí, te comprendo, el dolor...
Lía: Afuera estaba de nuevo la vida,
la naturaleza, el dedo de Dios había escrito ese día un sol luminoso y me dije:
Juliana: Ya pasó, pobre, lo que habrás sufrido
Lía: “No hay sombra, no hay
infierno, no hay tiniebla capaz de opacar esta luz”
Juliana: No, no hay. No debe haber. (Se
apaga la luz con música suave)
ESCENA
14
Verónica:
(Siguen repasando la exposición
sobre Rivadavia con Lía, entre las luces que se proyectan...) Sigamos con
Bernardino Rivadavia
Lía: 1826 primera presidencia
Verónica:
Ley de nacionalización de los
recursos, el presidente dispuso que la recaudación de la Aduana de Buenos Aires
se usaría para los gastos del Estado nacional.
Lía: Una medida centralista como
cabría esperar de un gobierno unitario...
Verónica: Sí, pero dejó armado el esquema actual: la
Nación recauda casi todo y reparte casi nada.
Lía: Y en los '90 estas políticas
públicas se hicieron más cerradas.
Verónica: Mayor concentración de poder en los grupos
económicos centrales...
Lía: Pero eso no podemos decir en la
exposición
Verónica: ¿Por qué? Son hechos...
Lía: Verónica, mi vida, pensá que nos
invitan empresarios y líderes de márketing.
Verónica: Ya sé
Lía: Liberales, querida, y no
podemos cantarle las cuarenta si queremos que ayuden a la fundación y a tu
empresa. Están los contratistas grosos.
Verónica: ¿Hay que mentir?
Lía: No. Basta con no decir lo que
es chocante o se preste a cuestionamientos…
Verónica: Esto no tiene sentido (Muy molesta)
Lía: (Apaga el proyector, la
luz se extingue y se enciende la de escena) Pensemos un poco querida,
nuestra fundación necesita esos fondos, tu empresa necesita contactos para las
licitaciones. ¿Para qué ir al choque diciéndoles “ustedes cacareando su
libertad nos endeudaron hasta la raíz? Hay que tener más tacto.
Verónica: Necesito pedirte un favor…
Lía: ¿Qué cosa?
Verónica: Tengo una deuda urgente, necesito que me
prestes dinero
Lía: ¿Dinero? (Primero como si
dudara, luego trata de diluir esa
desconfianza que mostró inicialmente) ¿Cuánto dinero?
Verónica: Setenta mil dólares... es por diez o
quince días
Lía: Ufff, es... una cifra, ¿no?
Verónica: (Se mantiene firme) En otro
momento te di una mano…
Lía: Sí, yo no decía... ¿Para
cuándo?
Verónica: Mañana, a mediodía tengo que depositar
eso.
Lía: Hecho, mañana temprano te
entrego. Traéme un recibo, eh.
Verónica: Gracias. Y no te preocupes, vamos a limar
todo lo que haga falta, la exposición sobre Rivadavia será bien histórica
dejando el pasado donde está: sepultado
Lía: Lo que nos dijo Juan Pablo: el
pasado es una hermosa galería donde de puede contemplar a los próceres… sin
hacerles preguntas.
Verónica: Nada de preguntas.
ESCENA
15
Horacio: Sé todo lo que no hice. Sé bien, como
padre, bueno, mis ocupaciones... (Habla alcoholizado)
Facundo: No te reprocho nada
Horacio: (Lo acaricia) Crecieron
casi solos...
Facundo: Siempre estuviste aquí
Horacio: Como están los retratos... que miran
todo sin comprometerse
Facundo: ¿De qué me querías hablar?
Horacio: (Saca un arma) De esto.
Quiero que sepas que tengo un arma por cualquier cosa...
Facundo: ¿Qué es 'cualquier cosa'? (Mira
alrededor y encuentra una botella semivacía) ¿Te vas a dedicar al
wisky, como mamá? (Como Horacio está mareado, trata de sujetarlo, por
favor no hacer una caricatura del borracho, basta con asirse a una mesa para
demostrar que le falta equilibrio) No entiendo, papá, ¿me hacés llamar
para hablarme cuando estás tomado?
Horacio: Apenas un vaso, no estoy borracho…
Facundo: Me mostrás un arma, me hablás de lo que
podría suceder... tambaleás
Horacio: ¡Como la empresa que les dejé! (Se
ríen) Tambalea, pero no se cae...
Facundo: No te imaginás... ayer...(Va para
contarle algo pero el padre lo ataja)
Horacio: ¿Qué harías si te ofrecieran hacer
algo...un poco torcido para tener dinero?
Facundo: Habláme más claro, no entiendo...
Horacio: Si tuvieses que consentir una...
irregularidad para tener dinero, mucho dinero, bueno, lo suficiente para
sostener la empresa hasta que yo
abandone mi puesto
Facundo: ¿Irregularidad? ¿Qué es eso?
Horacio: Manejos que otorga el poder...
Facundo: ¿Iría a la cárcel si se descubriese mi
'irregularidad'?
Horacio: Bueno, no. Digamos que no dejarías
huellas…
Facundo: Yo, hoy, haría lo que fuere para salvar
la empresa.
Horacio: ¿Por qué? ¿Venderías el alma al diablo
como Mefistófeles
?
Facundo: No tengo alma para ofrecerle, papá.
Horacio: Te queda el cuerpo
Facundo: Ya lo vendí.
ESCENA 16
(Lía
y Juan Pablo cruzan caminando, ella lleva paraguas, él piloto, hay sonidos y
luces de tormenta más que de lluvia, él la toma por el hombro)
Juan
Pablo: Me extrañó tu pedido
Lía: (Con ironía) Soy
una mujer extraña, amor...
Juan
Pablo: Nunca me habías pedido plata (Saca
el sobre del bolsillo y se lo entrega)
Lía: Es un préstamo (Relámpago)
¿Ves?, Dios se enoja con vos por desconfiado.
Juan
Pablo: ¿No me querés decir para qué es?...
Lía: Cosas privadas, amor, tengo una
vida propia, ¿sabías?
Juan
Pablo: Una vida con deudas, parece.
Firmáme acá (Le hace firmar un papel)
Lía: Parece… (Siguiéndole el
juego, mientras firma el recibo) Sólo Dios sabe los sacrificios de la
caridad (Se persigna)
Juan
Pablo: ¿Setenta mil dólares para
beneficencias?
Lía: Todo lo que invierta en la
Tierra me será devuelto en el cielo (Relámpagos) Tenemos esos
contactos pendientes, amor, mi comisión por pasar la información a los
contactos es del 10 % como es regla…
Juan
Pablo: Ehh ¿10 %? Es mucho, Horacio me dará los datos
Lía: Son mis condiciones, soy la que
corre el mayor riesgo en estas operaciones...
Juan
Pablo: ¿Por qué? Todos corremos riesgos…
Lía: Soy el eslabón más débil
Juan
Pablo: Error. Yo soy más vulnerable por
mi cargo (Relámpagos) Uy parece que tu jefe (Señala arriba)
se enojó
Lía: Si Dios tuviese que cobrarnos
el mal que nos hacemos...
Juan
Pablo: ¿Cómo va la exposición sobre
Rivadavia?
Lía: Ah, salió perfecta, vas a
quedar como un duque
Juan
Pablo: Apuremos, que llegamos tarde...
ESCENA
17
(Juliana
está de nuevo con sombrero tratando de armar una maceta o un arreglo floral,
con guantes y luz cenital muy fuerte, Verónica está batiendo en un pocillo para
hacerse un café instantáneo, siguen de fondo los ruidos de la tormenta)
Juliana: ¿Y qué le dijiste?
Verónica: Que sí
Juliana: ¿Así, tan simple?
Verónica: Uy, mamá, ustedes les agregaban romances y
cartas y música de fondo, hoy por hoy cuando alguien te gusta arreglás un
encuentro íntimo para probar
Juliana: ¿Probar? ¿Qué?
Verónica:
Probarse una misma, a ver hasta dónde es capaz de llegar sin
comprometerse mucho
Juliana: Pero, ¿no estás enamorada?
Verónica: No, no sé, nunca me pasó...
Juliana: ¿No necesitaste alguien como si fuese
el aire que respirás?
Verónica: Sí: la empresa.
(Llega
Lía, con la ropa que traía cuando se la vio con Juan Pablo)
Lía: Buen día
Juliana: Ay, pobrecita, te habrás mojado
Lía: Muy poco, no llueve todavía,
solo algunas gotas
Juliana: (Se saca los guantes, se limpia
las manos) Voy a buscarte una toalla y un poco de té
Lía: Gracias, señora. (Cuando
se va Juliana, Lía le entrega el sobre a Verónica) Acá está, setenta
mil.
Verónica: En quince días te lo devuelvo.
Lía: ¿El recibo, querida?
Verónica: Sí, ya te doy
ESCENA 18
(Horacio
está sentado en un sillón del tipo de los que hay en despachos u oficinas, en
el centro de la escena mirando hacia bambalinas es decir dejando el perfil
derecho a escena; en otro sillón similar, de espaldas a él, está Juan pablo
también hablando por teléfono, es la misma conversación, por una convención más
del teatro los reunimos pero están en sitios diferentes)
Horacio: ¿Y para cuándo necesitan la primera
tanda?
Juan
Pablo: El martes. Por eso te digo, lunes
por la noche levantá todos los datos
Horacio: Resumiendo: Precios de títulos públicos
que van a salir, la cifra exacta de emisión monetaria, las reservas del
Central, las reales, claro, las otras salen en los diarios...
Juan
Pablo: ¡Compro el diario todos los días,
Horacio!
Horacio: Sí, perdón, estoy torpe, nunca hice... (Transpira,
se seca con un pañuelo la frente)
Juan
Pablo: Siempre se puede dar el primer
paso
Horacio: Aprender a caminar...
Juan
Pablo: Nada de papeles, yo te llamo y me
dictás los números...
Horacio: ¿En el teléfono? Pero y si...
Juan
Pablo: Ya pensé en eso, me vas a llamar a
un móvil de un pariente desde el locutorio que tenés en la esquina
Horacio: Eso no se rastrea...(Se seca de
nuevo a frente)
Juan
Pablo: Eso, amigo, yo sé que estás muy
perturbado por todo esto. Pensá de este modo: el ministerio te metió en este
baile
Horacio: Mi cargo, no el ministerio.
Juan
Pablo: Tu cargo del ministerio...
Horacio: ¿Y entonces?
Juan
Pablo: Y esto que hacés es... una
compensación apenas. Nada más. No vamos a matar a nadie.
Horacio: Cierto, lo difícil es dar el primer paso
Juan
Pablo: Como cuando aprendimos a caminar (Se
ríen, luego cuelgan)
ESCENA 19
(Entra
Verónica con el sobre en la mano, Facundo está vestido como para oficina, con
un maletín sobre el regazo y sobre el maletín apoyada una notebook)
Verónica: (Entrega el sobre a Facundo) Acá
está
Facundo: Gracias, sabía que no me ibas a fallar (Evita
mirarla directamente pero Verónica no le entrega el sobre hasta que alza la
vista)
Verónica: ¿Para qué es todo eso? ¿No será todo para
las drogas, no?
Facundo: No, eso es una parte (Muy incómodo)
Verónica: ¿Y lo demás?
Facundo: Te voy a devolver...
Verónica: ¿Y el resto?
Facundo: Para pagar a un tipo que me extorsiona
Verónica: ¿Qué tiene contra vos?
Facundo: Le debo 60 mil verdes
Verónica: ¿Por drogas?
Facundo: No, nada que ver. Para pagar las diez
indemnizaciones que tuvimos hace un mes, ¿te acordás?
Verónica: No me ocupo del personal.
Facundo: Yo, sí.
Verónica: Tenemos quince o veinte días para devolver
Facundo: Ya habrá fondos la semana que viene. Las
deudas (Se ríe) ¿Te das cuenta?
Verónica: No le encuentro la gracia
Facundo: Manejábamos tanto dinero que nos quedamos
pobres...
Verónica: Facu, ¿vos creés en el amor?
Facundo: No me doy esos lujos
Verónica: Eso le decía a mamá: el amor ya no está de
moda.
ESCENA 20
Lía: Yo sabía que Verónica iba a
buscar el modo de arreglar
Horacio: Me dicen que salió espectacular...
Lía: ¿Sí?, ¿eso dicen?
Horacio: Amigos y amigas que me llamaron...
Brillante
Lía: Me alegro mucho. Necesitamos
ese dinero para la fundación.
Horacio: Asegurado... quedaron muy contentos,
Rivadavia es una figura un poco desgastada. Ustedes le devolvieron el panteón
al prócer.
Lía: En el fondo fue fácil. Todos
tenemos un lado de luz y un lado oscuro, para ser aceptados basta con esconder
las sombras, que se ocultan solas.
Horacio: Poner un manto de piedad sobre la
miseria humana.
Lía: Que todos tenemos, quien más,
quien menos
ESCENA 21
Juan
Pablo: ¿No te das cuenta? ¡No me podés
pagar todo lo que hago por ustedes! Y todo ¿sabés por qué? No te quiero perder.
Facundo: No estoy en tu inventario.
Juan
Pablo: ¿Me vas a dejar por ese muerto de
hambre de Joaquín?
Facundo: (Saca el sobre) Acá están
tus 60.000 dólares.
Juan
Pablo: ¿Cómo me hiciste esto? (Indignado
y colérico a la vez) ¿Quién te dio el dinero? ¿Cómo metiste a Lía en
todo esto? (Se le abalanza encima, lo tumba y le aplasta la cabeza contra
el piso para evitar que se mueva mientras le increpa) Metiste la pata
hasta el cuello, pendejo boludo.
Facundo: ¿Lía? ¿De qué me hablás?
Juan
Pablo: Este dinero (Levanta el
sobre) ¿De dónde lo sacaste entonces?
Facundo: Me lo dió Joaquín.
Juan
Pablo: ¡Te estás burlando de mí!, yo te
voy a enseñar (Levanta el puño para golpearlo)
Lía: ¿Qué pasa? ¿Qué es todo esto?
Verónica: Levantáte, Facundo. ¿Qué le estás haciendo
a mi hermano, vos, forro?
Juan
Pablo: Lo voy a moler a palos (Lía
ve el sobre tirado y se lo muestra a Verónica, como preguntándole ¿y esto?)
Uno ayuda (Lo deja en el piso, se levanta, se sacude polvo de la ropa) y
como agradecimiento recibe traiciones...
Lía: ¿Qué traiciones?
Facundo: Tu novio, me extorsionaba…
Verónica: ¿Quién? (Mira a Juan Pablo
fijamente) ¿Por qué?
Facundo: Venía a casa por mí, hermanita.
Lía: No comprendo todo esto
Facundo: Tuve sexo con él (Señala a Juan
Pablo) a cambio de un dinero que me prestó para pagar esas
indemnizaciones…
Verónica: Y yo que pensé que lo hiciste por mí,
desgraciado
Lía: ¡Un momento! Por Dios, que esto
me aturde, no entiendo qué sentimientos se mezclan en toda esta basura.
Verónica: ¿No escuchaste dónde está la basura?
Juan
Pablo: Es verdad, reconozco, estuve
varias veces con el pibe. Me obsesiona. Pero yo no extorsioné a nadie.
Facundo: Me exigiste que te devolviera los 60 mil
dólares para dejarme en paz.
Juan
Pablo: ¡Vos te metiste con ese muerto de
hambre!
Facundo: Soy dueño de mi vida, ¿no?
Verónica: ¿No era por nosotros? (Se lo dice a
Juan Pablo buscando una explicación)
Juan
Pablo: No. Yo te aprecio mucho, a vos
también (A Lía) pero no amo a nadie, únicamente este muchacho
tiene poder sobre mí, no sé por qué…
Lía: Me has estafado todo este
tiempo...
Juan
Pablo: No quise hacerte daño
Verónica: ¡Qué mierda de tipo!
Juan
Pablo: ¿Qué es lo que tanto les hiere?
¿El amor propio? Empecé todo con tu hermano como un juego, yo nunca transé con
hombres, ya ven cómo termina este juego
Lía: Dios me de fuerzas para mirarte
sin odio de aquí en más
Juan
Pablo: Tené la seguridad de que te las
dará, así como te dio fuerzas para hacer de puente en los negocios socios del
ministerio.
Verónica: ¿Cómo? ¿Qué estás diciendo?
Lía: (A Verónica, mientras
trata de arrastrarla suavemente) Vamos querida, no lo escuches…
Juan
Pablo: Ella (Señala a Lía) es
el nexo que tienen dentro del ministerio los grupos empresarios que compran
información para adelantarse con los movimientos de las monedas, inversiones,
depósitos en cuentas suizas. A eso se dedica en las horas libres.
Lía: Hijo de mil putas.
Verónica: ¿Era la información que le estaban
pidiendo a papá?
Juan
Pablo: Claro, la “señorita” cristiana era
quien vendería esa información, como lo viene haciendo con otras secretarías
del ministerio
Facundo: ¿Y a mí me llamabas indecente?
Verónica: Pero, cómo, ¿nunca descubrieron eso?
Juan
Pablo: No es técnicamente un delito.
Facundo: Es sucio.
Juan
Pablo: Según cómo se vea, para mí es más
sucio manipular los sentimientos de alguien que te quiere.
Lía: ¿Y mis sentimientos, qué?
Juan
Pablo: Ya te pedí perdón, no puedo
manejar los míos.
Lía: Sos un… degenerado
Juan
Pablo: Ya hablaremos con tranquilidad
Facundo: Estamos a mano… ahí está tu dinero
Juan
Pablo: No… todavía me falta, puse dos
veces, hijo de puta. Este sobre es mío, ¿acaso me voy a pagar a mí mismo?
(Entra
Juliana muy abatida por un lateral, del grupo ecuentra a Lía con quien queda en
un cono de luz mientras los demás desaparecen...)
Juliana: Querida, ¿sabés dónde está Verónica?
Lía: Estaba resolviendo unos líos,
señora...
Juliana: Estoy desesperada por primera vez…
Lía: ¿Por qué?
Juliana: Tengo que avisar a los chicos que
detuvieron a Horacio
Lía: ¿Cómo?
Juliana: No sé, una investigación que hicieron,
una auditoría o algo así, parece que hubo un fraude y él quedó detenido después
de la indagatoria. Es una causa penal.
Lía: ¡Qué terrible!
Juliana: El juez fijó la fianza
Lía: ¿Cuánto es?
Juliana: Es mucho dinero...
(Salen
del cono de luz al que entran Juan Pablo y Verónica)
Juan
Pablo: Está bien, no hablemos más de
amores perdidos
Verónica: ¿Qué es ese asunto del que culpan a papá?
Juan
Pablo: No te hagas problemas, es una
adjudicación que se hizo hace tres años, pero tu papá no tuvo nada que ver.
Verónica: ¡Pero está imputado y detenido!
Juan
Pablo: Ya llamé a mi abogado, tu papá
estuvo con parte de enfermo cuando se operó, García hizo la adjudicación y
seguramente falsificó la firma de Horacio. Es muy de García pero esto se puede
probar en un incidente judicial.
Verónica: Está preso
Juan
Pablo: Te juré que saldrá pronto. Lo más
pronto.
Verónica: Esto será un desastre, ¿escuchaste los
anuncios? El gobierno impuso medidas para frenar la salida de dinero. Nadie
puede sacar dinero de sus cuentas desde mañana.
Juan
Pablo: Ya se veía venir, los rumores eran
ciertos
Verónica: Pero están locos, será un desastre.
(Salen
del cono de luz, entra Facundo con el celular)
Facundo: Piden una fianza de un vagón de guita...
ya sé que es mucho, amor, pero es lo que piden. No sé, tampoco entiendo nada de
qué es lo que buscan con estas medidas que tomó el gobierno, ya hay corridas
bancarias, gente frente a los cajeros, es un desastre…quedáte ahí en Corrientes
que estará más calmo, Joaquín, porque Buenos Aires es un desastre...
(Sale
del cono Facundo, entran Juliana y Juan Pablo, ella está visiblemente abatida)
Juliana: Yo no entiendo nada de estas
cuestiones...
Juan
Pablo: No te hagas mala sangre amiga, ya
veremos cómo salir
Jualiana: Está ese dinero... de la fianza
Juan
Pablo: Acá tenés el dinero… yo lo había
ahorrado por cualquier cosa, pero sabés todo lo que quiero a Horacio.
Juliana: No sé qué decirte...¡gracias!
Juan
Pablo: No sé, una intuición me advirtió
que lo guardase en la oficina
Juliana: Estamos en un mundo de locos
Juan
Pablo: Puede ser... ahora todo puede ser
Juliana: Gracias. Esto me alivia mucho...
Juan
Pablo: Que ese dinero sirva para salvar a
un inocente, porque Horacio no tiene nada que ver con esa adjudicación que le
imputan. Yo estuve ahí, Juliana, aparte de servir de testigo sé quién fue el
malhechor. (Se va Juliana con el sobre)
Que
un dinero que tenía el destino de comprar un amor que no existe sirva para
comprar esa libertad que existe porque no hay delito. ¿Curiosa, la vida, no
Horacio? Estabas a punto de cometer una picardía y la ley te llegó por atrás, a
cobrarte una deuda que no tenías. ¡Qué porquería!
(Audio:
se escuchan los dos anuncios: fin de la convertibilidad y el corralito en la
voz de Domingo Cavallo mientras se ve en un cono de luz a Horacio, sentado,
acasi acurrucado, mesándose la cabeza. Al terminar, se apaga la luz, se
enciende en escena donde están Juan Pablo, Lía y Verónica sentados)
Lía: ¿Quién podía imaginarse este
desastre?
Juan
Pablo: Nadie. ¿Sabrá lo que hace, esta
gente?
Verónica: Estafarnos una vez más...
(Llega
Facundo, muy alterado, la ropa desaliñada, los cabellos revueltos... trae de
nuevo el sobre)
Facundo: ¿Están todos reunidos? (Se
ríe, nervioso) Somos como una familia, y tengo que arruinar la tarde
Lía: No te hagas problemas, el
gobierno ya nos arruinó la noche...
Facundo: Verónica, papá se suicidó en la cárcel,
se ahorcó...
Juan
Pablo: Pero, ¿cómo?
Facundo: Lo encontraron hace una hora en la celda,
muerto. Verónica, gracias, esto ya no hace falta (Le entrega el sobre y
se retira consternado)
Verónica: Papá... muerto (Da vueltas el sobre)
¿Se dan cuenta? No pudo soportar esta acusación.
Juan
Pablo: Se hará justicia, yo voy a
declarar quién falsificó esas firmas
Verónica: ¿Y ahora, de qué sirve?
Juan
Pablo: Le sirve a mi conciencia
Verónica: Poca cosa, si mi padre ya murió. Gracias,
Lía, acá está de vuelta lo tuyo (Le entrega el sobre y se va)
Lía: Vuelve
el polvo al polvo, vuelve el dinero que ya no puede comprar nada
(Entrega
el sobre a Juan Pablo) Tomá, esto es lo que te debía y
nunca más nos veremos, andá, buscá a ese chico y tratá de ayudarlo como puedas.
Sin pagar. Ya ves, la vida no se compra. Adiós. (Lo besa en los labios
suavemente y se retira dejando a Juan Pablo solo en el cono de luz, abre el
sobre y se pone a contar los billetes)
Juan
Pablo: Mil, cinco mil, doce
mil, veinte mil, treinta mil, cincuenta mil... ¿qué estoy buscando aquí? ¿Mi
conciencia bajo este fajo de billetes? ¿Para qué sirven ahora que ya no podemos
comprar la vida perfecta? Nos llevó a la mierda a todos.
(Empieza
a qumar los billetes, basta que queme uno y lo tire al tacho de la basura)
Esto
vale la vida perfecta.
FIN